México está viviendo un cambio cultural en su entorno laboral con la reciente entrada en vigor de la Ley Silla, una reforma a la Ley Federal del Trabajo que reconoce el derecho al descanso durante la jornada laboral. Esta normativa obliga a los empleadores a proporcionar asientos con respaldo en sectores como comercio, servicios y trabajos análogos, buscando prevenir riesgos asociados al esfuerzo prolongado de pie. Sin embargo, su implementación enfrenta barreras arraigadas en una cultura que históricamente ha valorado el exceso de horas y la resistencia física como sinónimos de compromiso.
Yoani Aceves, directora ejecutiva para América Latina en Talenca, señala que esta mentalidad ha relegado el bienestar de los trabajadores. “Las culturas organizacionales han premiado quedarse más horas, dejando de lado la salud del colaborador”, explica. Para superar esto, propone replantear en recursos humanos qué se considera bienestar, premiando pausas y descansos como parte de una nueva narrativa laboral. Algunas empresas ya implementan la Ley Silla con talleres que educan sobre el uso adecuado de las sillas, integrándolas como un símbolo de la modernización del trabajo. “Si solo ponemos la silla sin cambiar la mentalidad, no habrá impacto real”, advierte Aceves.
Ariana González, psicóloga y especialista en transición profesional, añade que la ley desafía un liderazgo basado en miedo y represalias, visibilizando el descanso como un derecho básico.
“El problema no es la silla, sino la cultura que obliga a aguantar sin parar”, afirma.
Propone que las organizaciones fomenten empatía y espacios seguros para que los empleados expresen sus necesidades, destacando que muchos renuncian por agotamiento físico y emocional, no solo por salario.
La Ley Silla, en la era de la inteligencia artificial, marca un giro hacia una labor centrada en la persona, según González. Mercer subraya que la cultura organizacional, desde las decisiones hasta el trato a los empleados, debe alinearse con esta prioridad. Aceves y González coinciden en que, además de la ley, se necesitan políticas que rediseñen comportamientos como premiar la lealtad por horas trabajadas, promoviendo un equilibrio que beneficie a los trabajadores.
Este cambio cultural, aún en desarrollo, promete transformar el panorama laboral mexicano hacia un modelo más humano y sostenible.
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