La Corte Federal del Distrito Norte de Illinois será escenario este viernes de un momento clave en la historia reciente del narcotráfico internacional: Ovidio Guzmán López, alias El Ratón e hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, aceptará su culpabilidad por cargos relacionados con tráfico de drogas y lavado de dinero, en un caso que desnuda el rol protagónico del Cártel de Sinaloa en la expansión del narcotráfico en Estados Unidos.
Aunque su detención y extradición han sido ampliamente cubiertas, el verdadero alcance de sus operaciones —especialmente en la ciudad de Chicago— revela cómo Ovidio se convirtió en un actor clave en la transformación del mercado de drogas en Norteamérica, primero con cocaína y, más recientemente, con fentanilo.
Tras la segunda captura de El Chapo en 2014 y su extradición en 2017, la estructura del Cártel de Sinaloa atravesó una etapa de reconfiguración. En ese contexto, Ovidio y sus hermanos —Iván Archivaldo, Jesús Alfredo y Joaquín Guzmán López— consolidaron la facción conocida como Los Chapitos, disputando el poder a sectores tradicionales liderados por Ismael “El Mayo” Zambada.
Desde 2012, el Departamento del Tesoro de EE. UU. ya tenía en la mira a Ovidio por supervisar rutas de trasiego de cocaína y metanfetaminas, así como por establecer relaciones con proveedores colombianos y coordinar operaciones logísticas binacionales. La acusación oficial lo ubica como un engranaje vital en el flujo constante de drogas hacia suelo estadounidense.
Chicago: epicentro del narcotráfico continental
Desde 2008, Chicago se consolidó como uno de los centros logísticos clave del Cártel de Sinaloa. Su ubicación estratégica y su vasta red de transporte facilitaron la recepción y distribución de cargamentos que ingresaban por la frontera sur.
Entre 2005 y 2008, el cártel contó con la colaboración de los hermanos Pedro y Margarito Flores, quienes operaban en Chicago y movilizaban cerca de dos toneladas de cocaína mensuales, generando más de 1,800 millones de dólares. Aunque estos se convirtieron luego en testigos protegidos de la DEA, la red encabezada por Ovidio logró rearticularse y mantener el control de la plaza.
Con el tiempo, los métodos evolucionaron: nuevos socios, uso de empresas legales como fachada, y una red de bodegas y operadores independientes mantuvieron la maquinaria criminal en funcionamiento.
Fentanilo: la nueva era del crimen
A partir de 2018, el fentanilo se convirtió en la droga más rentable y letal. Más barato de producir y con un poder adictivo devastador, desplazó progresivamente a la cocaína. Ovidio y Los Chapitos no tardaron en adaptarse, creando laboratorios en Sinaloa y coordinando envíos a través de la frontera en vehículos particulares o puntos legales de cruce.
Ciudades como Chicago y Atlanta se convirtieron en centros de distribución de estas sustancias, que hoy están detrás de más del 60 % de las muertes por sobredosis en EE. UU.
Para sostener su estructura, el cártel construyó alianzas con operadores locales. Uno de los casos más conocidos es el de Timothy Bea, en West Allis, Wisconsin, quien usó su bar como fachada para recibir y distribuir cargamentos del grupo. También se detectó el uso de empresas de paquetería, talleres mecánicos y bares para blanquear dinero.
El dinero fluía de regreso a México mediante transferencias, depósitos y transporte físico, financiando sobornos, armamento y expansión territorial.
El juicio en Chicago: ¿cooperará Ovidio?
Con su aceptación de culpabilidad, Ovidio Guzmán se enfrenta a una posible cadena perpetua, pero también podría convertirse en testigo protegido, como ya ocurrió con otros miembros del cártel. Su cooperación sería un golpe directo a la estructura operativa y financiera del grupo que ayudó a consolidar durante casi dos décadas.
La audiencia de este 11 de julio marca un punto de inflexión. El Ratón, uno de los artífices de la expansión del Cártel de Sinaloa en Estados Unidos, se verá cara a cara con la justicia en la misma ciudad que utilizó como centro neurálgico para distribuir cocaína y fentanilo.
Mientras tanto, Chicago y el país entero enfrentan las secuelas de esa red: una crisis de salud pública sin precedentes, alimentada por el narcotráfico, el crimen organizado y la debilidad estructural para detener la proliferación de opioides.
También te puede interesar: MOBILITY ADO recibe el sello «Hecho en México» por su calidad, innovación y compromiso con el país




