Claudia Sheinbaum evitó una condena directa a Daniel Ortega después de que el mandatario nicaragüense afirmara que en su país no volverá a haber elecciones. La presidenta sostuvo que México defiende la democracia, pero colocó por delante el principio de autodeterminación de los pueblos y afirmó que corresponde a cada nación decidir cómo se organiza.
La presidenta Claudia Sheinbaum evitó este lunes pronunciar una condena directa contra Daniel Ortega después de que el gobernante de Nicaragua anunciara que no permitirá nuevas elecciones para que la oposición pueda acceder al poder. En cambio, la mandataria mexicana recurrió a uno de los principios tradicionales de la política exterior del país: la autodeterminación de los pueblos.
Durante su conferencia matutina del 27 de julio, Sheinbaum fue cuestionada sobre las declaraciones que Ortega realizó días antes en Managua. La presidenta respondió que México está a favor de la democracia, aunque evitó calificar la decisión anunciada por el dirigente nicaragüense o exigir la celebración de nuevos comicios.
“Primero es la autodeterminación de los pueblos, lo que decida el pueblo de Nicaragua, y nosotros siempre estamos de acuerdo con la democracia”, respondió Sheinbaum. Su postura marcó una diferencia entre defender el sistema democrático como principio y pronunciarse sobre las decisiones internas del gobierno de otro país.
El asunto cobró relevancia después de que Ortega declarara durante la conmemoración del 47 aniversario de la Revolución Sandinista que en Nicaragua “no volverán a haber elecciones” que permitan a sus adversarios disputar el gobierno. Además, anunció que trabajará con la Asamblea Nacional y otras instituciones para impulsar leyes destinadas a impedir que sectores opositores puedan alcanzar el poder.
Sheinbaum descarta para México un escenario como el de Nicaragua
La posición de la presidenta quedó más definida cuando se le preguntó si México podría adoptar una medida semejante frente al avance de fuerzas políticas de ultraderecha. En ese punto, Sheinbaum rechazó de manera tajante trasladar el planteamiento de Ortega al sistema político mexicano.
“No, aquí hasta hay revocación de mandato. Democracia, democracia, democracia”, afirmó. Después insistió en que cada país y cada pueblo determina su propia organización política, mientras México mantiene su respaldo a la democracia.
La respuesta establece dos planos en la postura presidencial. Por una parte, Sheinbaum descarta cualquier posibilidad de eliminar los mecanismos electorales en México. Por otra, evita utilizar ese mismo criterio para condenar públicamente el anuncio del gobierno nicaragüense.
El planteamiento ocurre en medio de un nuevo endurecimiento político en Nicaragua. Ortega gobierna nuevamente el país desde 2007 y, desde febrero de 2025, comparte formalmente la Presidencia con Rosario Murillo bajo la figura de copresidentes, incorporada mediante una reforma constitucional. Esa modificación también amplió de cinco a seis años el periodo presidencial.
Las declaraciones de Ortega afectan directamente el horizonte electoral nicaragüense. Los siguientes comicios estaban previstos originalmente para noviembre de 2027, pero el anuncio del mandatario supone, de facto, cerrar esa vía de alternancia si su gobierno concreta las medidas anunciadas.
Ortega endurece el cierre electoral en Nicaragua
Durante su discurso del 19 de julio, Ortega acusó a opositores en el exilio de buscar nuevamente el control del gobierno. Además, sostuvo que impulsará barreras legales contra quienes calificó como “golpistas” y “vendepatrias”.
El anuncio profundiza un proceso político que ya había provocado cuestionamientos internacionales. Ortega asumió en enero de 2022 un cuarto mandato consecutivo después de las elecciones de noviembre de 2021, celebradas tras el encarcelamiento de aspirantes opositores y otras restricciones a la competencia política. Estados Unidos y la Unión Europea estuvieron entre los actores internacionales que cuestionaron aquel proceso.
Ahora, sin embargo, el escenario va más allá de las condiciones bajo las cuales se desarrolla una elección. La declaración del mandatario apunta directamente a impedir futuros procesos que permitan a la oposición disputarle el poder al oficialismo.
Frente a ese contexto, Sheinbaum optó por mantener la línea de no intervención y autodeterminación, sin respaldar la eliminación de elecciones. Al mismo tiempo, dejó claro que una decisión semejante no tendría cabida en México y reivindicó los mecanismos democráticos existentes en el país.
Así, la posición mexicana quedó delimitada por dos mensajes: respaldo explícito a la democracia dentro de México y cautela diplomática frente a las decisiones del gobierno de Nicaragua. Por ahora, Sheinbaum no anunció un cambio en la relación bilateral ni alguna acción diplomática derivada de las declaraciones de Ortega.
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