La icónica Zona Hotelera de Cancún, renombrada por su concentración de resorts de lujo y restaurantes de alta gastronomía, enfrenta un desafío persistente que ensombrece su esplendor: la llegada masiva de sargazo. Este alga marina, que afecta las playas mexicanas desde hace más de una década, no solo deteriora la estética del lugar, sino que impacta gravemente el turismo, la economía local y la salud de las personas. Un residente afectado informó a ABC Noticias que el sargazo cubre cerca de 30 kilómetros de esta zona exclusiva, y hasta el 22 de agosto no se ha encontrado una solución definitiva, agravando la situación en los últimos días.
Jesús Antonio Riveroll Ribbon, director de Protección Civil Municipal en Benito Juárez, explicó en entrevista con Quadratin que el incremento reciente del sargazo se debe principalmente al calentamiento del mar, combinado con oleajes y vientos del oeste que lo desplazan hacia las costas del Caribe Mexicano. Según sus estimaciones, la llegada de esta alga podría alcanzar niveles similares o superiores a los años críticos de 2019 y 2020, cuando se recolectaron más de 600,000 toneladas en Quintana Roo. Este pronóstico ha generado alarma entre autoridades y empresarios, ya que el fenómeno coincide con la temporada alta turística.
La gobernadora Mara Lezama presentó el 15 de agosto un balance de las estrategias implementadas, destacando la colaboración con la Secretaría de Marina (Semar).
“Operamos once sargaseras costeras, una transoceánica, veintidós embarcaciones menores y estamos por recibir cuatro más de aguas someras. Esta capacidad nos ha permitido recolectar y disponer de más de 60,000 toneladas en lo que va del año”, señaló.
Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, el sargazo sigue presente en la Zona Hotelera, afectando la experiencia de los visitantes y la ocupación hotelera, que según datos preliminares de la Secretaría de Turismo de Quintana Roo cayó un 6.2% en julio de 2025.
El sargazo, del género Sargassum, es una alga flotante que crece en aguas tropicales y subtropicales del Atlántico, formando “islas flotantes” gracias a vesículas de gas. Aunque sirve de refugio para especies marinas como peces y tortugas, su exceso en las playas genera malos olores por la descomposición, liberando gases como sulfuro de hidrógeno y amoníaco. Esto causa dolores de cabeza, náuseas, y irritaciones en ojos, garganta y piel, siendo especialmente riesgoso para personas con asma o problemas respiratorios, según la Secretaría de Salud. La falta de una solución integral sigue siendo un reto, mientras la comunidad busca equilibrar la preservación ambiental con la recuperación económica.
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