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    Opinión | Chetumal: El corazón político que sigue herido

    Por El Jaguar Negro

    En la geografía política de Quintana Roo, hay un territorio que no ruge, duele. Chetumal, la capital histórica, el corazón original del estado, se ha convertido en un símbolo silencioso del abandono: un corazón que late, pero cada vez con más heridas acumuladas por años de descuido institucional. Durante administraciones de todos los colores, Chetumal ha sido tratado como una capital ornamental, útil para discursos, fotos oficiales y ceremonias cívicas, pero jamás como el verdadero eje de equilibrio político que siempre ha sido. Sus calles lo gritan, su economía lo evidencia y su sociedad lo resiente.

    La orfandad del liderazgo y la deuda aplazada

    El chetumaleño vive una sensación profunda de orfandad de liderazgo. Han visto promesas llegar, irse, reciclarse y desvanecerse. Han visto cómo la inversión pública fluye con fuerza hacia el norte mientras el sur se queda mirando, esperando, aguantando.

    Pero la deuda con Chetumal no es solo económica ni de infraestructura. Es también una deuda de dignidad.

    Ahí está la juventud chetumaleña: generaciones enteras que se preparan, estudian, se especializan en administración pública, todo con la intención de formar parte del gobierno de su estado. Y aun así, una y otra vez, quedan relegados, desplazados o simplemente ignorados mientras los puestos clave se concentran en un solo corredor territorial.

    No es un olvido inocente: es una supremacía aceptada

    Seamos claros: lo que vive Chetumal no es una omisión accidental. Es un patrón. Una forma tácita de supremacía regional donde el norte se ha creído suficiente para equilibrar todo el estado. Una narrativa peligrosa que ha alimentado la idea de que el crecimiento turístico de la zona norte es razón suficiente para relegar al sur. Pero así no funciona un estado. Y mucho menos uno tan complejo, diverso y políticamente sensible como Quintana Roo.

    Chetumal no es un accesorio. Es el equilibrio. Es la memoria. Es la raíz.

    Un reto urgente para la 4T

    Quintana Roo es uno de los estados más morenistas de México, pero es también un estado donde la lealtad no está escrita en piedra. La elección local de 2024 lo demostró con una advertencia brutal: Chetumal estuvo a punto de perderse , si es que no se perdió.

    Una alarma que parece no haber sido escuchada. Una señal de que el sur está mandando un mensaje que muchos no han querido interpretar. Si el proyecto estatal rumbo a 2027 no se apalanca en la fuerza popular chetumaleña —en su orgullo, en su historia, en su peso electoral— no solo se corre el riesgo de perder la capital se corre el riesgo de perder la gobernatura. Porque Chetumal no es un voto más: es un voto que decide. ¿O ya se nos olvidó que Chetumal le dio la victoria a Carlos Joaquín en 2016? El capital político de Chetumal ha cambiado gobiernos antes. Puede volver a hacerlo.

    Chetumal sigue herido, pero no vencido

    El sur está cansado de esperar, pero no ha renunciado a ser el corazón del estado. Aún ruge, aunque sea en silencio. Aún late, aunque le hayan fallado tantas veces. La pregunta para 2027 no es solo quién será candidato o candidata. La verdadera pregunta es: ¿Quién tendrá la inteligencia política para reconciliarse con Chetumal? Porque Quintana Roo puede tener turismo, inversión, crecimiento y popularidad, pero sin su capital, sin su corazón, el estado nunca estará completo. El Jaguar Negro lo deja claro: la historia no perdona a quienes abandonan a su capital. Y Chetumal, el corazón herido, todavía puede cambiarlo todo

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