Desalinización: Una alternativa hídrica sostenible para enfrentar la crisis del agua y la contaminación plástica

En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha promovida desde 1973 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el mundo se detiene a reflexionar sobre el daño causado al planeta y, más importante aún, sobre las soluciones sostenibles que pueden ser adoptadas. Este año, la campaña se centra en la urgencia de eliminar la contaminación plástica, un problema que impacta directamente los ecosistemas marinos y la disponibilidad de recursos como el agua potable.

La búsqueda de alternativas ha llevado a varios países a explorar modelos innovadores de gestión hídrica, y entre ellos destaca Israel, que ha logrado convertir una crisis de agua en una solución de vanguardia: la desalinización.

Israel: del desabasto a la autosuficiencia hídrica

Hace apenas dos décadas, Israel enfrentaba un escenario crítico: fuentes hídricas limitadas, lluvias cada vez más escasas debido al cambio climático y acuíferos saturados de minerales. En respuesta, el país optó por un plan ambicioso de desalinización, instalando cinco mega plantas capaces de convertir el agua de mar en agua potable.

Hoy, esta tecnología abastece aproximadamente el 80% del consumo doméstico del país. La joya de esta estrategia es la planta Sorek, ubicada en Tel Aviv, que hasta hace pocos años fue la más grande del mundo.

La desalinización se basa principalmente en la ósmosis inversa, un proceso en el que el agua salada es presionada a través de membranas semipermeables que retienen sal, microplásticos y otras impurezas. En cuestión de horas, el agua del mar Mediterráneo es transformada en líquido apto para el consumo humano y distribuida por Mekorot, la empresa nacional de agua israelí.

Este sistema no solo reduce las emisiones de gases de efecto invernadero hasta 4.5 veces en comparación con otras tecnologías, sino que no impacta negativamente en los ecosistemas marinos, siempre que la salmuera —residuo del proceso— sea manejada de manera adecuada.

Un doble frente: acceso al agua y protección de los océanos

La desalinización no solo combate el problema de escasez hídrica, sino que también actúa contra la contaminación plástica, ya que filtra microplásticos presentes en el agua de mar. Así, este proceso se convierte en un ejemplo de tecnología que resuelve múltiples desafíos ambientales al mismo tiempo.

A pesar de sus beneficios, la descarga de salmuera continúa siendo uno de los principales retos asociados a estas plantas. Si no es diluida y dispersada correctamente, puede elevar la salinidad y temperatura del agua, generando “zonas muertas” en los océanos. No obstante, nuevas investigaciones apuntan a usos económicos para este residuo, como la obtención de sal comercial, recuperación de metales y su uso en procesamiento de alimentos.

Un modelo replicable para el mundo

Con menos del 10% de desperdicio hídrico, gracias a una cultura educativa centrada en la eficiencia del agua desde la infancia, Israel no solo satisface sus necesidades internas, sino que ya exporta agua potable a países vecinos, como Jordania.

Este modelo, basado en ciencia, tecnología y conciencia ambiental, demuestra que es posible garantizar el derecho humano al agua potable sin comprometer la salud de los océanos. La desalinización, implementada con responsabilidad, representa una de las herramientas más efectivas para construir un futuro hídrico sostenible.

En este Día Mundial del Medio Ambiente, la experiencia israelí resalta la importancia de invertir en soluciones inteligentes y sostenibles, donde la tecnología se alía con el medio ambiente para enfrentar una de las mayores crisis del siglo XXI: el acceso equitativo al agua.

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