La pérdida acelerada de hielo marino en las regiones polares, impulsada por el cambio climático, no solo está modificando la cantidad de luz que penetra en el océano, sino también su color, con consecuencias profundas para la vida marina. Así lo revela un nuevo estudio publicado en Nature Communications y liderado por los biólogos Monika Soja-Wozniak y Jef Huisman, del Instituto de Biodiversidad y Dinámica de Ecosistemas (IBED) de la Universidad de Ámsterdam.
Del blanco al azul: un cambio espectral decisivo
A medida que el hielo marino se derrite y es reemplazado por aguas abiertas, el entorno luminoso submarino pasa de contener un espectro amplio de colores a estar dominantemente azul, lo que afecta directamente a los organismos fotosintéticos como las algas de hielo y el fitoplancton, base de las redes alimenticias marinas.
“Los pigmentos fotosintéticos de las algas bajo el hielo están adaptados para captar una amplia gama de colores que atraviesan el hielo y la nieve. Al derretirse, se enfrentan de pronto a un ambiente dominado por la luz azul, para el cual no están preparados”, explicó Soja-Wozniak.
¿Por qué cambia el color del océano?
El estudio explica que el hielo marino refleja y dispersa la luz, dejando pasar una porción pequeña pero con un espectro completo. En contraste, el agua de mar absorbe principalmente la luz roja y verde, permitiendo que solo la luz azul penetre a mayor profundidad, lo que da al océano su característico color.
Además, las vibraciones moleculares en el agua líquida generan bandas de absorción específicas que reducen la luz disponible para la fotosíntesis. Estas propiedades están ausentes en el hielo, donde las moléculas de agua están fijadas en una estructura cristalina que suprime dichas vibraciones, preservando un espectro de luz más completo.
Esta diferencia provoca un cambio crucial en el entorno óptico submarino cuando el hielo desaparece, transformando las “reglas de juego” para las especies fotosintéticas.
Impactos ecológicos en cascada
Utilizando modelos ópticos y mediciones espectrales, los investigadores concluyeron que el cambio en el color de la luz puede alterar el rendimiento fotosintético y favorecer a especies de algas adaptadas a la luz azul, desplazando a aquellas especializadas en luz filtrada por hielo.
“Estos cambios pueden desencadenar efectos ecológicos en cascada. Las algas fotosintéticas son la base de la red trófica ártica. Si cambia su composición o productividad, se verá afectada toda la cadena alimenticia: peces, aves marinas, mamíferos y más”, advirtió el profesor Huisman.
La investigación también recalca que la fotosíntesis marina desempeña un papel importante en la absorción natural de dióxido de carbono (CO₂), por lo que estas alteraciones podrían tener efectos globales sobre el clima.
Un llamado a mejorar los modelos climáticos
Los autores señalan que estos hallazgos demuestran que el cambio climático no solo derrite el hielo, sino que transforma profundamente la forma en que la energía y la vida se organizan en los océanos polares. Por ello, instan a incorporar los cambios en los espectros de luz y su efecto sobre la fotosíntesis en los modelos climáticos y oceánicos, especialmente en regiones que ya experimentan cambios sin precedentes.
“Comprender cómo se transforma el entorno lumínico es clave para anticipar los impactos ecológicos del deshielo polar y diseñar políticas de adaptación más efectivas”, concluyen los investigadores.
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