EE.UU. castigará al tomate mexicano: nuevos aranceles sacuden al agro nacional

A partir del 14 de julio de 2025, la mayoría de los tomates que México exporta a Estados Unidos pagarán un arancel de 20.91%, tras la ruptura unilateral del acuerdo comercial que regía desde 2019. El Departamento de Comercio estadounidense justificó la medida como una acción necesaria para “proteger a los productores nacionales” y asegurar una competencia justa en el mercado agrícola.

La decisión representa un golpe directo al sector agrícola mexicano, que ve con preocupación las posibles repercusiones económicas. México es el principal proveedor de tomates para EE.UU., abasteciendo más del 50% del consumo en ese país. La imposición arancelaria podría elevar los precios del tomate entre 38% y 70% para los consumidores estadounidenses y, al mismo tiempo, impactar severamente los ingresos de productores mexicanos.

México en alerta por impacto económico y laboral

El anuncio del Departamento de Comercio marca un retroceso en los compromisos alcanzados durante la primera administración del presidente Donald Trump. En 2019, ambos países habían pactado un mecanismo de inspección y vigilancia para evitar el dumping, lo que permitió mantener el flujo comercial sin aranceles. Hoy, esa tregua comercial queda desmantelada por decisión de la Casa Blanca.

Aunque Washington insiste en que la medida busca garantizar prácticas comerciales equitativas, en México se percibe como una acción proteccionista. La Secretaría de Economía aún no ha emitido una respuesta oficial, pero se espera una reacción diplomática en los próximos días. Expertos advierten que esta nueva carga arancelaria podría afectar a más de 1.4 millones de jornaleros, así como a pequeños y medianos productores que dependen de la exportación.

Además del tomate, productos como el aguacate y el limón también han experimentado aumentos de precios recientes, lo que incrementa la presión inflacionaria en México y plantea nuevos desafíos para el campo mexicano.

El sector agrícola mexicano enfrenta una coyuntura complicada. A nivel interno, los productores luchan contra los costos crecientes de insumos, sequías prolongadas y falta de apoyos gubernamentales. Ahora, con la barrera arancelaria en su principal mercado de exportación, el panorama se torna aún más incierto.

Del lado estadounidense, algunos sectores agrícolas celebraron la decisión, al considerarla una medida de equilibrio frente a las importaciones mexicanas. Sin embargo, organizaciones de consumidores han advertido que el alza en los precios afectará a las familias más vulnerables.

La medida, programada para entrar en vigor el 14 de julio, da un margen de tres meses para que ambas naciones busquen una solución negociada. Sin embargo, dadas las tensiones comerciales recientes y la política proteccionista del presidente Donald Trump, no hay garantías de un nuevo acuerdo en el corto plazo.

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