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    Elon Musk enseña furgoneta que está preparando Tesla

    En el evento «We, Robot» del 10 de octubre de 2024, Elon Musk desveló el Robovan, un vehículo eléctrico autónomo para 20 pasajeros o carga equivalente, sin volante ni pedales, que podría costar menos de 0.20 dólares por milla. Presentado como la pieza maestra de un ecosistema de movilidad sin humanos, el Robovan no solo deslumbró por su diseño Art Decó inspirado en los trenes de los 40, sino por su promesa de revolucionar el transporte colectivo.

    El Robovan no es un simple autobús: es un furgón multifuncional que opera 24/7, con puertas deslizantes anchas para accesibilidad y un piso plano que facilita la entrada para personas con movilidad reducida. Su batería 4680 –anunciada en la junta de accionistas de 2025– asegura rangos superiores a 300 millas, integrándose al Full Self-Driving (FSD) de Tesla para rutas optimizadas por IA. «El futuro debería verse como el futuro», bromeó Musk, pero la clave está en su impacto: podría desplazar a Uber, Amazon y sistemas de buses tradicionales, generando ingresos por flota compartida.

    De Hollywood al asfalto: Diseño retro con alma futurista

    El Robovan irrumpe con una estética que fusiona lo vintage y lo visionario: líneas verticales pulidas, superficies metálicas cromadas y un frontal minimalista que evoca el Chrysler Building. Sin embargo, bajo esa carrocería Art Decó late un corazón eléctrico: propulsión 100% sostenible, con cero emisiones y eficiencia que reduce el consumo en un 40% respecto a vans diésel convencionales, según datos de Tesla actualizados en septiembre 2025.

    El Robovan no es un capricho: aborda el caos global de las megaciudades. En un mundo con 8 mil millones de habitantes y emisiones de transporte que representan el 24% del total (IPCC 2025), este van autónomo podría descarbonizar rutas urbanas enteras. Imagina: flotas de Robovans reemplazando buses diésel en Ciudad de México o São Paulo, reduciendo congestiones en un 30% y emisiones en 50%, según proyecciones de Bernstein Research.

    Su versatilidad lo hace imparable:

    • Transporte público: Rutas fijas o on-demand, operando sin pausas, para 20 pasajeros a costos mínimos.
    • Logística: De Amazon a UPS, entregas sin conductores, optimizando la última milla con IA predictiva.
    • Sostenibilidad: Al ser 100% eléctrico, contribuye al objetivo de Tesla de 20 millones de vehículos anuales para 2030, acelerando la transición net-zero.

    Pero no todo es utopía. El evento «We, Robot» causó una caída del 9% en acciones de Tesla –67 mil millones evaporados–, por falta de plazos concretos. Analistas como Jefferies lo llaman «ineficaz» sin pruebas reales, y Morgan Stanley advierte: «Aún bajo control humano». En 2025, pruebas piloto en Austin confirman avances en FSD, pero regulaciones en Europa y Latinoamérica retrasarán su llegada hasta 2027.

    ¿Revolución o espejismo? El Robovan en el horizonte latino

    Para América Latina, donde el 70% del transporte es informal y emite 1.5 gigatoneladas de CO₂ al año (Banco Mundial 2025), el Robovan es un faro. En ciudades como Bogotá o CDMX, podría formalizar shuttles y reducir accidentes (90% por error humano). Tesla planea fábricas en Monterrey para exportar a la región, potenciando nearshoring verde.

    Sin embargo, el desafío es real: ¿quién regula la IA en barrios sin 5G? ¿Y el empleo de choferes? Musk responde: «Crearemos más trabajos en mantenimiento y software». Mientras, el Robovan espera: un sueño eléctrico que, si aterriza, podría hacer que el futuro del transporte sea tan accesible como un tweet de Elon. Por ahora, el mercado duda, pero la visión acelera. ¿Listo para subirte?

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