El secretario de Economía aseguró que los asuntos comerciales se mantienen separados de seguridad y política mientras avanzan las conversaciones con EE. UU.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, descartó que los temas de seguridad o los asuntos políticos que han generado tensión entre México y Estados Unidos estén condicionando las negociaciones para revisar el T-MEC.
Durante la quinta reunión plenaria de Morena en la Cámara de Diputados, el funcionario afirmó que esos asuntos no forman parte de las conversaciones comerciales que mantiene con sus contrapartes estadounidenses.
“Hasta hoy no los han planteado en la mesa”, respondió Ebrard al ser cuestionado sobre si temas como el huachicol fiscal y los señalamientos contra personajes de la política mexicana están influyendo en la posición de Washington frente a México.
El secretario fue más directo cuando se le preguntó si esos asuntos podrían convertirse en condiciones dentro de la revisión del tratado comercial.
“No, tampoco”, respondió.
Ebrard explicó que la relación bilateral se desarrolla mediante diferentes mesas de negociación. Según detalló, los asuntos comerciales corresponden a la Secretaría de Economía, mientras que seguridad, agua y sistemas de pago son tratados por otras dependencias.
“Si estamos viendo temas comerciales, son comerciales”, señaló el funcionario.
La postura de Ebrard ocurre a pocos días de que México y Estados Unidos retomen las conversaciones bilaterales para revisar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. La cuarta ronda está prevista para septiembre en Washington.
México busca preservar las condiciones comerciales con EE. UU.
Además de defender la separación entre seguridad y comercio, Ebrard reconoció que México enfrenta un escenario complejo para mantener las actuales condiciones de acceso al mercado estadounidense.
El funcionario señaló que actualmente México paga un arancel promedio de 3.4 por ciento para sus exportaciones hacia Estados Unidos y planteó conservar ese tratamiento durante la revisión del T-MEC.
El reto está relacionado con el crecimiento de las exportaciones mexicanas. Ebrard indicó que estas han aumentado más de 24.6 por ciento, situación que también ha elevado el déficit comercial de Estados Unidos con México.
El crecimiento de las ventas mexicanas hacia ese mercado puede convertirse en un punto de presión para Washington, especialmente por la posición del presidente Donald Trump frente al déficit comercial estadounidense.
Ebrard reconoció que ese escenario complica las negociaciones. Según explicó, cada incremento de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos puede alimentar nuevas demandas de Washington para limitar el flujo comercial.
El secretario planteó incluso que Trump podría cuestionar el aumento de las importaciones provenientes de México y plantear nuevas tarifas o cuotas.
Por ello, uno de los objetivos de la delegación mexicana será conservar la mayor cantidad posible de ventajas comerciales frente a otros países.
La estrategia también incluye avanzar en asuntos relacionados con reglas de origen, acero, aluminio, automóviles y cadenas de suministro regionales.
En las rondas anteriores, ambos gobiernos también han discutido seguridad económica, agricultura, trabajo y servicios de pagos electrónicos.
La cuarta ronda del T-MEC será en septiembre
México y Estados Unidos acordaron continuar en septiembre la revisión bilateral del T-MEC, luego de la tercera ronda celebrada en julio en Ciudad de México.
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos y la Secretaría de Economía informaron que las delegaciones avanzaron en temas relacionados con seguridad económica, trabajo, agricultura, servicios de pagos electrónicos, acero, aluminio y automóviles.
La cuarta ronda se desarrollará en Washington. Ebrard confirmó que regresará esta semana a Estados Unidos para continuar las conversaciones con funcionarios de la Oficina del Representante Comercial y del Departamento de Comercio.
El funcionario no dio una fecha definitiva para el encuentro, pero adelantó que será “muy pronto”.
Antes de esa reunión, explicó, México busca resolver algunos asuntos pendientes para llegar con una posición más definida.
La negociación ocurre en un escenario comercial marcado por los aranceles estadounidenses y por la intención de ambos países de mantener sus respectivas ventajas dentro de Norteamérica.
La revisión del tratado tiene además una dimensión estratégica porque determinará las reglas bajo las cuales continuarán las relaciones comerciales entre México, Estados Unidos y Canadá.
La primera revisión conjunta del T-MEC comenzó este año. Washington ha planteado preocupaciones relacionadas con barreras comerciales, reglas de origen, cadenas de suministro y otros aspectos de la relación económica.
El especialista advierte que la presión podría cambiar
Aunque Ebrard sostiene que los asuntos de seguridad no han sido planteados en su mesa de negociación, especialistas consultados consideran que eso no garantiza que permanezcan fuera del proceso hasta el cierre de las conversaciones.
El especialista en comercio internacional Jorge Molina señaló que la declaración del secretario debe observarse con cautela, debido al contexto político entre ambos gobiernos.
Según su análisis, que esos asuntos no hayan aparecido hasta ahora en las conversaciones formales no impide que Estados Unidos pueda incorporarlos posteriormente como parte de sus exigencias.
Molina recordó que la administración de Donald Trump ha relacionado en distintos momentos la seguridad económica con la seguridad nacional.
Por ello, consideró posible que asuntos relacionados con seguridad terminen vinculándose con la negociación comercial cuando el proceso avance hacia sus etapas definitivas.
También planteó otra posibilidad: que determinados temas hayan sido abordados fuera de las mesas formales de la revisión del T-MEC.
La relación entre México y Estados Unidos incluye actualmente negociaciones que involucran comercio, seguridad, agua, migración y otros asuntos. La existencia de mesas diferenciadas no significa necesariamente que las decisiones de una materia no puedan tener efectos sobre otra.
Hasta ahora, sin embargo, Ebrard sostiene que los asuntos de seguridad y política no forman parte de la conversación comercial que mantiene directamente con su contraparte estadounidense.
El tratado entra en una etapa decisiva
La cuarta ronda permitirá a ambas delegaciones profundizar en los puntos pendientes y buscar acuerdos antes de que avance la revisión formal del tratado.
Para México, uno de los principales objetivos es conservar un trato preferencial frente a otros países y mantener las condiciones que han favorecido el crecimiento de sus exportaciones hacia Estados Unidos.
Para Washington, entre sus prioridades se encuentran reducir desequilibrios comerciales, fortalecer las cadenas productivas de Norteamérica y aumentar la participación regional en sectores estratégicos.
Las negociaciones también estarán influenciadas por las medidas comerciales que Estados Unidos ha aplicado durante el gobierno de Trump y por las preocupaciones expresadas por ambos países respecto de sus respectivos mercados.
México llega a esta etapa con avances técnicos reportados en las tres primeras rondas. En julio, la delegación mexicana y la estadounidense calificaron las conversaciones como constructivas y acordaron continuar el proceso en septiembre.
Ebrard sostiene que la seguridad no está condicionando esa negociación.
La posición del secretario, sin embargo, convive con una advertencia: que un tema no haya sido colocado en la mesa hasta ahora no significa necesariamente que permanecerá fuera de ella.
Mientras las delegaciones preparan la cuarta ronda, México buscará mantener sus condiciones arancelarias y Estados Unidos continuará planteando sus preocupaciones sobre la relación comercial.
La negociación entra así en una etapa en la que cada punto puede adquirir mayor peso. Por ahora, la posición oficial mexicana es que comercio y seguridad continúan por caminos separados.
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