La Embajada china rechazó los señalamientos del diplomático estadounidense sobre sus intereses en México y defendió la presencia de sus empresas frente a las críticas de Washington.
La disputa entre Estados Unidos y China por su influencia económica en México escaló al terreno diplomático. La Embajada china respondió a las declaraciones del embajador estadounidense Ronald Johnson, quien afirmó que a Pekín le beneficiaría un país marcado por la inseguridad y el desorden, y acusó a Washington de contribuir a la violencia relacionada con el narcotráfico.
En un comunicado difundido mediante su cuenta oficial de WeChat, la representación diplomática expresó su “profundo descontento” y “firme oposición” a los comentarios del funcionario. También cuestionó que Estados Unidos ponga en duda las intenciones de las empresas chinas que buscan operar en territorio mexicano mientras promueve una mayor integración económica de América del Norte.
El intercambio refleja la creciente competencia entre ambas potencias por el mercado mexicano, especialmente en sectores estratégicos y cadenas de suministro. México se ha convertido en un punto relevante para las inversiones internacionales debido a su cercanía con Estados Unidos y su participación en el comercio regional.
China señala la demanda de drogas y el tráfico de armas desde Estados Unidos
La Embajada china sostuvo que el consumo de estupefacientes en Estados Unidos genera un mercado que proporciona grandes ganancias a los grupos criminales. Añadió que el ingreso ilegal de armas y el flujo de recursos procedentes de actividades ilícitas contribuyen a fortalecer a las organizaciones delictivas y a incrementar la violencia en México.
Con estos argumentos, la representación diplomática cuestionó la postura de Washington sobre la seguridad mexicana y planteó que las declaraciones de Johnson podrían desviar la atención de las responsabilidades estadounidenses en el problema del narcotráfico.
La embajada también criticó lo que considera una estrategia de presión política y comercial contra las compañías chinas. Según su posicionamiento, funcionarios estadounidenses desacreditan a esas empresas mientras promueven oportunidades de negocio para compañías de su propio país en sectores como energía y gas natural.
Pekín defendió el derecho de México a elegir libremente a sus socios comerciales y rechazó los intentos de limitar la participación de empresas chinas por motivos políticos.
Ronald Johnson cuestionó los intereses de Pekín en México
La respuesta china surgió después de la participación de Ronald Johnson en el Simposio Global de Inversionistas del Instituto Milken, celebrado el miércoles 28 de octubre en la Ciudad de México.
Durante el encuentro, el embajador estadounidense sostuvo que a China le convendría que México fuera un país caótico e inseguro en la frontera sur de Estados Unidos. También afirmó que Pekín estaría dispuesto a incentivar empresas que podrían operar con pérdidas para generar dependencia económica y favorecer ese escenario.
Johnson cuestionó la sinceridad de las compañías chinas interesadas en establecer operaciones en México y defendió una mayor integración económica entre los países de América del Norte para competir con otras regiones.
Sus declaraciones colocaron la seguridad nacional y la inversión extranjera en el centro de una discusión que va más allá de la relación bilateral entre México y Estados Unidos. También muestran cómo la competencia comercial entre Washington y Pekín se proyecta sobre las decisiones económicas mexicanas.
La disputa comercial coloca a México en medio de la competencia
El intercambio diplomático ocurre mientras empresas chinas buscan ampliar su presencia en México y establecer centros de producción más cercanos al mercado estadounidense. Esta estrategia comercial ha generado preocupación en Washington, que busca fortalecer las cadenas de suministro regionales y reducir la dependencia de proveedores asiáticos en sectores considerados estratégicos.
Para México, el debate implica mantener abiertas sus opciones de inversión y comercio sin quedar atrapado en las presiones de sus dos principales interlocutores económicos.
Las declaraciones de ambas representaciones reflejan intereses distintos: Estados Unidos plantea la seguridad y la integración regional como argumentos para cuestionar la presencia china, mientras Pekín denuncia presiones comerciales y señala la responsabilidad estadounidense en factores que alimentan la violencia mexicana.
Por ahora, el intercambio no representa una ruptura diplomática, pero sí evidencia que la competencia entre las dos potencias tiene consecuencias directas para México, tanto en materia de seguridad como en sus decisiones sobre inversión, producción y relaciones comerciales.
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