El autobús eléctrico Taruk, diseñado y fabricado en México con más del 75% de componentes nacionales, ha despertado un interés internacional que supera con creces la capacidad de producción actual. Marcelo Ebrard, secretario de Economía, informó que autoridades de Los Ángeles han mostrado interés en adquirir hasta 20,000 unidades en los próximos dos años. El anuncio, realizado durante la presentación del Polo de Desarrollo Económico del Bienestar en Puebla, evidencia el potencial de México en electromovilidad y la presión inmediata para escalar su industria tecnológica.
México enfrenta el reto de escalar su industria
La empresa mexicana Megaflux, responsable del desarrollo del Taruk, actualmente produce solo 2,000 unidades anuales y busca aumentar su capacidad a 6,000. Sin embargo, el volumen solicitado por Los Ángeles sería diez veces mayor. Esto evidencia tanto la oportunidad como el desafío: México puede posicionarse como líder regional en transporte eléctrico, pero enfrenta limitaciones de infraestructura y financiamiento para atender el mercado internacional.
Ebrard explicó que el interés estadounidense y europeo obedece a una estrategia para reducir la dependencia de Asia en componentes críticos. “Van a necesitar vehículos y motores eléctricos que no provengan de Asia. Ya lo decidieron así”, dijo. Además, adelantó que México presentará en noviembre su propio lenguaje de inteligencia artificial, destinado a fortalecer la seguridad tecnológica en un contexto geopolítico cambiante.
Innovación y soberanía tecnológica como apuesta
El proyecto Taruk no se limita al transporte público. Según Ebrard, abre la puerta a nuevas industrias estratégicas, como la farmacéutica y el desarrollo de tecnologías de frontera. Recordó que la iniciativa comenzó en 2021, cuando Claudia Sheinbaum, como jefa de gobierno de Ciudad de México, impulsó la creación de motores eléctricos nacionales para reducir la dependencia externa en electromovilidad.
El autobús, con capacidad para 65 pasajeros y autonomía de 350 kilómetros tras dos horas de carga, integra sistemas de conectividad en tiempo real. Estos permiten monitorear datos sobre ocupación, rutas y seguridad, convirtiendo a la inteligencia artificial en una herramienta esencial para su operación.
Ventana de oportunidad y competencia global
La oportunidad para México es clara: el mercado norteamericano busca alternativas fuera de Asia, y el Taruk cumple con los requisitos del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Sin embargo, el reto inmediato será invertir en plantas, proveedores de litio y centros de innovación que sostengan la producción a gran escala.
El Gobierno de Puebla ya anunció un pedido inicial de 20 unidades para conectar zonas turísticas, lo que podría sentar un precedente para la expansión interna. La magnitud del interés internacional obliga a México a acelerar decisiones estratégicas. Ebrard estimó que la inversión extranjera directa podría alcanzar 45,000 millones de dólares en 2025, siempre y cuando el país consolide su capacidad productiva.
El Taruk, cuyo nombre en lengua yaqui significa “correcaminos”, simboliza la intención de México de recorrer con velocidad y autonomía el camino hacia la innovación tecnológica. Su éxito dependerá de la capacidad de unir industria, academia y gobierno en una agenda común.
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