A los 89 años, el actor participa como productor y narrador de un proyecto musical que reúne a figuras del blues y la Chineke! Orchestra.
Morgan Freeman encontró una nueva manera de contar historias. A los 89 años, el actor estadounidense participa como productor y narrador de Morgan Freeman’s Symphonic Blues Experience, un álbum que recorre aproximadamente un siglo de historia del blues.
El proyecto fue lanzado el 7 de agosto bajo el sello Decca Records y reúne 12 canciones que conectan distintas etapas del género. Entre los participantes aparecen Taj Mahal, Keb’ Mo’, Shemekia Copeland, Alvin Youngblood Hart y Lawrence “Boo” Mitchell. También interviene la Chineke! Orchestra, que grabó sus partes en los Abbey Road Studios de Londres.
Aunque el proyecto representa su debut discográfico en esta faceta, Freeman no aparece como cantante principal ni como intérprete musical. Su participación se concentra en la producción y, sobre todo, en la narración que conduce al público por la historia del blues.
La propuesta combina grabaciones de artistas vinculados con el género, arreglos orquestales y la característica voz del actor. De esta manera, Freeman utiliza un recurso que ha marcado buena parte de su trayectoria cinematográfica: contar historias.
Una historia que comenzó en el Mississippi Delta
La relación de Freeman con el blues no nació con este álbum. El actor creció en Mississippi y ha contado que escuchó este género por primera vez durante su infancia, en el porche de su abuela, en el Delta del Mississippi.
Esa experiencia terminó convirtiéndose en una conexión permanente con una música que considera parte fundamental de la historia estadounidense. El proyecto discográfico parte precisamente de esa relación personal para presentar el blues ante nuevas audiencias.
“Escuché el blues por primera vez en el porche de mi abuela en el Delta del Mississippi y nunca me ha abandonado”, recordó Freeman al presentar el proyecto.
Su vínculo con esta música tampoco se limita a la admiración. Hace 25 años, Freeman participó en la creación del Ground Zero Blues Club, en Clarksdale, Mississippi, junto con Bill Luckett y Howard Stovall.
El establecimiento surgió a partir de una necesidad concreta. Los visitantes llegaban a Clarksdale buscando escuchar blues, pero no existían suficientes espacios donde pudieran encontrar presentaciones del género. Freeman y sus socios decidieron crear uno.
El club terminó convirtiéndose en un punto de encuentro para músicos y seguidores del blues. Además, varios artistas relacionados con ese espacio participan ahora en Morgan Freeman’s Symphonic Blues Experience.
De Blind Willie Johnson a la música de Sinners
El álbum plantea un recorrido que comienza con una grabación de 1927 y llega hasta una canción asociada con una producción cinematográfica reciente.
La primera pieza es “Dark Was the Night, Cold Was the Ground”, de Blind Willie Johnson. El tema abre el proyecto y establece el punto de partida para una historia musical que atraviesa diferentes épocas y transformaciones del blues.
A lo largo del disco aparecen también “Crossroads”, “Death Letter Blues”, “Dust My Broom” y “The Thrill Is Gone”, entre otros temas. La selección permite recorrer distintas expresiones del género mediante nuevas interpretaciones y arreglos.
Uno de los temas destacados es “Death Letter Blues”, interpretado por Taj Mahal. La canción fue presentada como el primer adelanto del álbum durante Juneteenth, el 19 de junio.
El recorrido llega hasta “I Lied To You”, canción incluida en la banda sonora de Sinners. El tema es interpretado en el álbum por Keith Johnson, sobrino nieto de Muddy Waters, y funciona como cierre de esta mirada sobre la evolución del blues.
La selección no pretende presentar el género como una pieza congelada en el pasado. Por el contrario, el proyecto busca mostrar cómo el blues ha cambiado y cómo sus raíces continúan presentes en la música contemporánea.
El blues se encuentra con la música orquestal
Uno de los elementos distintivos del álbum es el encuentro entre la tradición del Delta y los arreglos sinfónicos.
Parte de las grabaciones se realizó en Royal Studios, en Memphis, un espacio estrechamente relacionado con la historia musical de la ciudad. Posteriormente, la Chineke! Orchestra registró sus participaciones en Abbey Road Studios, en Londres.
El resultado busca ampliar el sonido tradicional del blues sin perder la conexión con sus raíces. La orquesta aporta una dimensión distinta a canciones que nacieron dentro de una tradición marcada por la guitarra, la voz y las pequeñas formaciones musicales.
La propuesta también nació como un espectáculo en vivo antes de convertirse en álbum. El formato combina música, imágenes y la narración de Freeman para explicar la evolución del género y acercarla a públicos que quizá no conocen su historia.
El espectáculo y el disco comparten así una misma intención: utilizar la música como una forma de preservar memoria y transmitir una tradición cultural a nuevas generaciones.
Morgan Freeman sigue contando historias desde otro escenario
La incursión musical de Freeman no supone un abandono de su carrera como actor. Más bien, representa una extensión de una habilidad que ha desarrollado durante décadas: utilizar su voz para conducir al público a través de una historia.
En este caso, el relato no ocurre frente a una cámara ni dentro de una película. Ocurre a través de un género musical nacido en el sur de Estados Unidos y convertido con el paso del tiempo en una de las expresiones más influyentes de la música estadounidense.
El propio Freeman ha definido al blues como una música ligada a la historia y a la experiencia de las comunidades que la construyeron. Su participación en este proyecto busca precisamente mantener viva esa memoria y acercarla a nuevos públicos.
Además, el proyecto llega en un momento particular para el género. La película Sinners, estrenada en 2025, también colocó al blues y al Mississippi Delta en el centro de una producción de gran alcance internacional. El álbum de Freeman, sin embargo, comenzó a desarrollarse antes de esa película y mantiene una historia propia.
Así, a los 89 años, Morgan Freeman suma una nueva faceta a una trayectoria marcada por el cine, la televisión y la narración. Esta vez no necesita interpretar a un personaje para contar una historia: su voz acompaña un siglo de blues y conecta sus raíces con el presente.
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