Al arrancar su segundo mandato en enero de 2025, el presidente Donald Trump impuso aranceles de hasta el 145 % a las importaciones chinas. Sin embargo, en un inesperado giro, anunció que podrían «reducirse sustancialmente» si Pekín accede a pactar un nuevo acuerdo comercial. China, por su parte, respondió reclamando respeto y rechazando cualquier forma de chantaje.
Cómo escaló la guerra comercial en 2025
- Enero 2025: Trump reasume la presidencia e impone nuevos aranceles del 145 % a las importaciones chinas.
- Febrero 2025: China responde con aranceles del 125 % sobre productos estadounidenses.
- Marzo 2025: Trump declara que los aranceles podrían reducirse si se alcanza un acuerdo.
- Abril 2025: China mantiene su exigencia de respeto y se muestra abierta al diálogo.
Durante una rueda de prensa en el Despacho Oval, Trump se mostró optimista sobre la posibilidad de mejorar las relaciones comerciales con Pekín. «Vamos a ser muy amables, ellos también lo serán, y veremos qué sucede», expresó el mandatario, agregando que el actual arancel «no será tan alto» en el futuro.
Las declaraciones del presidente coinciden con las del secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien advirtió que el conflicto arancelario con China no es sostenible en el tiempo. Bessent abogó por una «desescalada» de las tensiones, destacando que un acuerdo sería beneficioso para ambas partes.
La administración Trump planea negociar acuerdos con otros países afectados por los gravámenes, aunque el principal frente abierto sigue siendo con China. Mientras tanto, Pekín mantiene sus propios aranceles y ha tomado represalias adicionales, como restringir la compra de aviones Boeing.
¿Quién cederá primero en esta nueva pelea comercial?
El Gobierno chino respondió afirmando estar «abierto» al diálogo, pero pidió a Washington que «abandone el chantaje y las amenazas» para iniciar conversaciones en igualdad de condiciones. «No queremos luchar, pero no tememos hacerlo si es necesario», advirtió el portavoz del Ministerio de Exteriores, Guio Jiakun.
China reiteró que «no hay ganadores en una guerra comercial» y subrayó que el proteccionismo sólo lleva al aislamiento económico. El mensaje fue claro: cualquier acuerdo deberá basarse en el respeto mutuo y el beneficio compartido.
Pese a las tensiones, Trump destacó su buena relación personal con el presidente Xi Jinping. «Vamos a ser muy buenos con China. Tengo una excelente relación con el presidente Xi», afirmó. El mandatario aseguró confiar en que ambas naciones puedan «vivir juntas muy felizmente e idealmente, trabajar juntas».
Por su parte, Xi Jinping reiteró desde Pekín que las guerras comerciales «socavan el sistema multilateral» y afectan negativamente al orden económico global.
Aunque el tono de Trump ha cambiado en las últimas semanas, las posturas de fondo siguen sin moverse: Estados Unidos exige reformas estructurales en China, mientras Pekín exige igualdad de trato. Un acuerdo parece posible, pero no inminente.
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