Científicos confirman que el ajolote puede readaptarse a la vida silvestre, pero necesita un Xochimilco restaurado

En una investigación sin precedentes, científicos del Instituto de Biología (IB) de la UNAM y de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) lograron un hito en el conocimiento del ajolote mexicano (Ambystoma mexicanum), una especie endémica en peligro crítico de extinción, al estudiar por primera vez su comportamiento fuera del laboratorio, en condiciones semi-naturales.

El estudio, publicado en la revista científica PLOS ONE, analizó la readaptación de ajolotes criados en cautiverio que fueron liberados en dos entornos controlados: una chinampa restaurada en el lago de Xochimilco y un cuerpo de agua en La Cantera Oriente, dentro de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel.

¿Pueden sobrevivir en libertad?

La investigación tenía como objetivo determinar si los ajolotes nacidos en cautiverio pueden readaptarse al medio silvestre, un paso clave para su conservación a largo plazo. Alejandra Ramos, investigadora de la UABC y líder del proyecto, explicó que los ejemplares criados en laboratorio tienden a modificar su comportamiento y anatomía, lo que compromete su supervivencia en libertad. “Pierden conductas vitales, como reconocer depredadores o cazar por sí mismos”, advirtió.

Por su parte, Luis Zambrano, del Laboratorio de Restauración Ecológica del IB-UNAM, señaló: “Queríamos entender cuánto, cómo y por dónde se mueven cuando están en vida libre. Aunque es uno de los animales más estudiados en laboratorio, sigue siendo un enigma en su ambiente natural”.

Los ajolotes liberados en ambos sitios no solo sobrevivieron, sino que lograron alimentarse exitosamente. En La Cantera, las hembras recorrieron en promedio 86.75 metros diarios, mientras que los machos avanzaron 54.33 metros. En Xochimilco, el movimiento fue menor y disminuyó con la edad, pero los ejemplares mostraron ganancia de peso, un indicador de adaptación.

Solo dos ejemplares murieron por depredación aviar. El equipo utilizó telemetría VHF para seguir sus movimientos, y descubrió que los ajolotes presentan una alta sensibilidad a cambios de temperatura y calidad del agua, lo que los hace extremadamente vulnerables a la contaminación.

Xochimilco: clave para la supervivencia

Pese al éxito del experimento, los investigadores fueron enfáticos: sin la restauración de Xochimilco, no habrá ajolotes silvestres.

“El ajolote no puede sobrevivir sin su hábitat. Xochimilco debe dejar de ser una cantina flotante y volver a ser lo que fue durante más de 1,500 años: un sistema de producción agrícola sustentable”, afirmó Zambrano.

Actualmente, solo existe una chinampa restaurada en todo el sistema lacustre. La investigación muestra que el camino no está únicamente en reproducir ajolotes en cautiverio, sino en recuperar los ecosistemas que los sostienen.

Una oportunidad para todos

El estudio demuestra que es posible reintegrar al ajolote a su entorno natural, y que estas acciones pueden ser replicadas con el trabajo conjunto de científicos, autoridades, chinamperos y pescadores. Además, visibiliza la importancia de tratar al ajolote como una especie bandera que nos recuerda la necesidad urgente de reconciliarnos con nuestros cuerpos de agua.

La supervivencia del ajolote está ligada a la salud ecológica de Xochimilco, un ecosistema cuya restauración beneficiaría no solo a esta icónica especie, sino también a miles de habitantes que dependen de su agua y producción agrícola.

Este experimento pionero marca un antes y un después en la conservación del ajolote y abre la puerta a un futuro en el que volver a ver a estos extraordinarios anfibios nadando libremente no sea una excepción, sino una regla.

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