El Vaticano ha aprobado nuevas directrices emitidas por los obispos italianos que permiten la admisión de hombres homosexuales en los seminarios, siempre que se abstengan de mantener relaciones sexuales. Esta decisión marca un cambio significativo en la postura de la Iglesia Católica respecto a la orientación sexual de los futuros sacerdotes.
Contexto de la decisión
Aunque la Iglesia no había prohibido explícitamente a los homosexuales ingresar al sacerdocio, una instrucción anterior de 2016 establecía que los seminarios no podían admitir a hombres con «tendencias homosexuales profundamente arraigadas». Las nuevas directrices, publicadas en el sitio web de la Conferencia Episcopal Italiana, indican que los directores de seminarios deben considerar la orientación sexual de un candidato como un aspecto de su personalidad, sin reducir el discernimiento únicamente a este factor.
Detalles de las nuevas directrices
Las directrices establecen que los candidatos homosexuales pueden ser admitidos en los seminarios si cumplen con los siguientes criterios:
- Abstinencia sexual: Compromiso de abstenerse de mantener relaciones sexuales.
- Evaluación integral: Consideración de la orientación sexual como un aspecto dentro del marco completo de la personalidad del candidato.
- Proceso de formación: Posibilidad de recurrir a la psicología y, en ciertos casos, a la psicoterapia durante la formación sacerdotal.
- Participación femenina: Involucramiento de mujeres en la formación de los futuros sacerdotes, integrando su perspectiva en la evaluación. infobae
Periodo de prueba y seguimiento
Estas directrices estarán en vigor durante un periodo de prueba de tres años, con el objetivo de evaluar su efectividad y adecuación en la formación de los seminaristas. La oficina del clero del Vaticano ha acompañado el documento con una nota que confirma su implementación durante este periodo de prueba.
Reacciones y perspectivas
La aprobación de estas directrices ha generado diversas reacciones dentro de la comunidad católica. Algunos consideran que representa un paso hacia una mayor inclusión y comprensión de la diversidad sexual en la Iglesia, mientras que otros mantienen reservas sobre cómo se implementarán estas medidas en la práctica.




