El presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Ramón Castro Castro, entregó al pontífice la obra Un nombre, mil voces, que reúne fotografías, nombres e historias de personas desaparecidas y sus familias.
La crisis de desapariciones en México llegó al Vaticano a través de un libro que reúne los rostros y las historias de personas que continúan sin ser localizadas. La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) informó que el obispo Ramón Castro Castro entregó al papa León XIV la obra Un nombre, mil voces, con testimonios y registros que mantienen presente la búsqueda de miles de familias.
El documento, de más de 200 páginas, busca dar visibilidad a las personas desaparecidas y a quienes siguen exigiendo respuestas sobre su paradero. La entrega fue difundida por la Iglesia mexicana mediante una publicación acompañada de fotografías del encuentro en la Santa Sede.
El Episcopado destacó que las páginas del libro contienen los rostros de quienes siguen haciendo falta, además de la memoria de sus familiares, que mantienen las labores de búsqueda pese a las dificultades que enfrentan.
La iniciativa también reconoce la participación de colectivos y familias que compartieron fotografías, nombres, lugares y fechas relacionadas con las desapariciones. Para las organizaciones involucradas, reunir esta información representa una manera de preservar la memoria de las víctimas y mantener el tema en la agenda pública.
Un libro construido con la memoria de las familias
El proyecto fue impulsado por el Diálogo Nacional por la Paz, que en agosto convocó a familiares y colectivos a aportar información para integrar el documento. La convocatoria contempló la recepción de materiales antes del 30 de agosto, fecha en que se conmemora el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas.
La organización planteó que la obra no se limitara a reunir nombres, sino que incorporara elementos que permitieran reconocer las historias individuales detrás de las cifras. Las fotografías y los datos aportados por las familias contribuyen a recordar que cada desaparición deja preguntas pendientes y una búsqueda que puede prolongarse durante años.
El Diálogo Nacional por la Paz anunció también su intención de llevar el documento ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Entre sus propuestas estuvo incluir un listado de periodistas y sacerdotes asesinados, aunque la información disponible no detalla si esa relación quedó incorporada en la versión entregada al pontífice.
La participación de las familias y los colectivos resulta central en este esfuerzo, pues son quienes mantienen la exigencia de búsqueda, identificación de restos humanos e investigación de los casos. Sus denuncias incluyen obstáculos institucionales, falta de resultados y dificultades para obtener información sobre sus seres queridos.
El vínculo con el Vaticano y el movimiento por la paz
La entrega del libro ocurrió después de que Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, visitara México en agosto y se reuniera con representantes del Diálogo Nacional por la Paz. Durante esos encuentros, el funcionario manifestó interés por la situación de las familias de personas desaparecidas.
El movimiento surgió tras el asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora, ocurrido en junio de 2022 en Cerocahui, Chihuahua. Desde entonces, reúne a organizaciones religiosas y civiles que impulsan propuestas para atender la violencia y promover condiciones de paz en el país.
La entrega de Un nombre, mil voces amplía la visibilidad internacional de la crisis mexicana, aunque por sí misma no representa un anuncio de nuevas medidas de búsqueda ni de compromisos específicos por parte del Vaticano. Su alcance inmediato es dar presencia a las historias de las víctimas y a las exigencias de sus familias ante una audiencia internacional.
Más de 130 mil personas desaparecidas en México
México registra más de 130 mil personas desaparecidas y no localizadas, de acuerdo con la cifra citada en la información difundida sobre el caso. Detrás de ese registro persisten problemas relacionados con la localización de personas, las investigaciones y la identificación de restos humanos.
Los colectivos de familiares han denunciado impunidad y dificultades para avanzar en las investigaciones. La crisis también ha generado cuestionamientos sobre la capacidad institucional para responder a las familias y garantizar procesos de búsqueda e identificación.
En abril, el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU llevó la situación de México ante la Asamblea General del organismo. El Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum rechazó esa decisión y defendió las políticas nacionales de búsqueda e investigación.
El caso mantiene abierto el debate sobre las responsabilidades del Estado, el acompañamiento a las familias y la cooperación internacional. Mientras continúan las diferencias sobre el diagnóstico y las medidas necesarias, las organizaciones de búsqueda insisten en que la prioridad debe ser localizar a las personas desaparecidas, esclarecer los hechos y ofrecer respuestas a quienes llevan años esperando.
La presentación del libro ante León XIV coloca nuevamente a las víctimas en el centro de la conversación internacional. Para las familias, mantener vivos sus nombres e historias forma parte de una lucha que no termina con la publicación de un documento: continúa hasta conocer el paradero de sus seres queridos y obtener respuestas.
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