El trayecto no cruzará la Plaza de San Pedro y pasará frente al Coliseo. Delegaciones del mundo entero asistirán. Argentina liderará el protocolo diplomático, mientras que personas históricamente excluidas serán las primeras en rendirle homenaje en su tumba.
El cortejo fúnebre del papa Francisco se realizará este sábado y cubrirá un trayecto de seis kilómetros desde la basílica de San Pedro hasta Santa María la Mayor, donde será enterrado. A diferencia de los protocolos recientes, el recorrido evitará la Plaza de San Pedro y tomará parte del antiguo camino de la Via Papalis. El féretro se transportará en un coche abierto para permitir que el pueblo lo vea, en un gesto que refleja el espíritu del pontífice argentino: accesible, simbólico y cercano.
El féretro saldrá por la Puerta del Perugino y avanzará por la galería Príncipe Amadeo de Saboya, Corso Vittorio Emmanuele y la plaza Venezia. De ahí tomará la Via dei Fori Imperiali, pasará frente al Coliseo, recorrerá Via Labicana, Via Merulana y terminará en la Plaza de Santa María la Mayor. Durante todo el trayecto, el tráfico estará cerrado y se colocarán pantallas gigantes para que la multitud pueda seguir la procesión en tiempo real.
Se espera la participación de hasta 200 mil personas en las calles y la presencia de 50 jefes de Estado, junto con más de 170 delegaciones internacionales. El funeral comenzará a las 10:00 (hora local) y será el primer evento de estas características desde la era moderna, con una movilización logística que implica coordinación entre el Vaticano, las fuerzas del orden italianas y el cuerpo diplomático.
Las delegaciones y el protocolo: Milei encabeza la representación argentina
En el orden protocolario, la primera fila estará reservada para la delegación de Argentina, país natal del papa Francisco. El presidente Javier Milei encabezará esa comitiva, seguido por los representantes de Italia, entre ellos el presidente Sergio Mattarella y la primera ministra Giorgia Meloni. Luego se ubicarán los monarcas asistentes, ordenados alfabéticamente en francés, y posteriormente los demás jefes de Estado.
El acceso de estas delegaciones se hará por la Puerta del Perugino, donde estacionarán sus vehículos. Serán guiados por el personal del ceremonial pontificio, bajo supervisión del prefecto de la Casa Pontificia, Leonardo Sapienza. Los diplomáticos estarán ubicados del lado derecho de la plaza y los cardenales al izquierdo, en un diseño milimétricamente calculado para evitar roces diplomáticos.
También asistirán representantes de organizaciones religiosas y líderes de otras confesiones, incluidos judíos, musulmanes y protestantes, en un gesto de apertura interreligiosa que caracterizó el pontificado de Francisco.
Los excluidos al centro del adiós: víctimas, migrantes y trans rendirán homenaje al papa
Tras el entierro en la basílica de Santa María la Mayor, un grupo de 40 personas será el primero en rendirle homenaje frente a su tumba. Este grupo estará conformado por indigentes, personas trans, víctimas de trata y presos con permiso de salida. Todos llevarán una rosa blanca como símbolo de despedida.
La decisión no es casual: se trata de los colectivos que el papa Francisco defendió de manera constante, desde sus primeros días en el pontificado. Son también aquellos a quienes el propio Francisco calificó como “los descartados del mundo”, y a quienes dedicó políticas concretas de inclusión, atención pastoral y denuncia de injusticias.
El gesto es un cierre profundamente político, espiritual y humano de su legado: no serán las élites eclesiásticas las primeras en pasar frente a su tumba, sino aquellos por quienes levantó la voz. Es, en esencia, un funeral con rostro humano.
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