Elías Rodríguez, un hombre de 30 años y residente de Chicago, fue identificado como el principal sospechoso del tiroteo ocurrido el miércoles por la noche frente al Museo Judío de Washington, D.C. El ataque, que dejó dos víctimas mortales identificadas como empleados de la embajada israelí, ha generado una oleada de condenas internacionales por lo que se presume fue un acto de violencia con motivaciones antisemitas.
El hecho ocurrió durante un evento organizado por el Comité Judío Americano, en las inmediaciones del museo. De acuerdo con la jefa de policía de la ciudad, Pamela Smith, Rodríguez merodeaba el lugar momentos antes de perpetrar el ataque. Según el reporte, se acercó sin mediar palabra a un grupo de cuatro personas que salían del evento y disparó a quemarropa contra dos de ellas, ambas identificadas como Yaron Lischinsky y Sarah Milgrim.
Apoyos políticos y sospechas ideológicas
Tras los disparos, Rodríguez ingresó al museo donde fue detenido por personal de seguridad. Testigos aseguran que durante su arresto gritó en repetidas ocasiones “¡Palestina libre!”, lo cual encendió las alarmas sobre un posible móvil político. La policía recuperó un arma en el lugar y confirmó que Rodríguez no contaba con antecedentes penales ni registros previos de contacto con autoridades.
El FBI se sumó a la investigación y, en colaboración con una unidad conjunta antiterrorista, analiza su historial y posibles nexos con grupos activistas. Usuarios en redes sociales han vinculado al sospechoso con el Partido por el Socialismo y la Liberación (PSL), una organización de izquierda en EE. UU. A pesar de que no se ha confirmado oficialmente esa afiliación, se rescató un artículo publicado en 2017 por Liberation News donde aparece un “Elias Rodríguez” participando en una manifestación organizada por el PSL. Las autoridades, sin embargo, no han establecido relación directa entre ese evento y el tiroteo.
Dentro del museo, varios asistentes intentaron auxiliar a Rodríguez pensando que era un civil afectado. Uno de los testigos, Yoni Kalin, relató que el hombre lucía angustiado y aceptó agua que le ofrecieron. Pero al llegar la policía, el sospechoso sacó un keffiyeh rojo y volvió a gritar consignas pro-palestinas antes de ser esposado.
El tiroteo tuvo lugar en una zona céntrica de Washington, cerca de oficinas federales como la sede del FBI y la Fiscalía General. El portavoz de la embajada israelí, Tal Naim Cohen, señaló que los disparos fueron efectuados «a quemarropa» y calificó el ataque como un “acto cobarde”.
Por su parte, el Museo Judío emitió un comunicado lamentando el hecho y expresando condolencias a las familias de las víctimas. La institución había recibido recientemente una subvención de 30.000 dólares para reforzar sus medidas de seguridad.
Hasta el momento, las autoridades consideran el ataque como un incidente aislado y afirman que no hay evidencia de que se trate de parte de una amenaza más amplia. Sin embargo, el trasfondo político de las expresiones del sospechoso mantiene en alerta a los investigadores.
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