Cuando muchos pensarían en el retiro, Héctor Méndez volvió a hacer lo único que ha guiado su vida durante cuatro décadas: buscar personas entre edificios derrumbados. A sus 80 años, el fundador de Topos Aztecas regresó a Venezuela para participar en las labores de rescate tras los terremotos que devastaron Caracas. No es la primera vez que enfrenta una tragedia en ese país. Antes acudió al terremoto de Cariaco en 1997 y al deslave de Vargas en 1999, dos de los peores desastres naturales de la historia venezolana. Hoy, nuevamente, camina entre los escombros con la esperanza de encontrar sobrevivientes y devolver con dignidad a quienes ya no pudieron salvarse.
El ruido de las retroexcavadoras apenas deja escuchar las órdenes de los equipos de rescate. A unos metros, perros especializados recorren montañas de concreto mientras decenas de voluntarios remueven escombros piedra por piedra. En medio de ese escenario aparece una figura conocida para muchos rescatistas latinoamericanos.
Se trata de Héctor Méndez, fundador de Topos Aztecas, quien a sus 80 años volvió a Venezuela para participar en las labores de búsqueda tras los terremotos que sacudieron Caracas y otras regiones del país.
Para él no es una misión más, es el tercer gran desastre venezolano al que responde durante casi tres décadas.
Su historia con Venezuela comenzó mucho antes de la tragedia que hoy mantiene al país en emergencia.
Tres tragedias marcaron su historia con Venezuela
La primera vez que Héctor Méndez llegó al país fue el 9 de julio de 1997, cuando un terremoto de magnitud 6.9 estremeció la población de Cariaco, en el estado Sucre.
El sismo dejó decenas de personas fallecidas, cientos de lesionados y severos daños estructurales. Además, destruyó viviendas, escuelas y hospitales, convirtiéndose en el terremoto más destructivo registrado en Venezuela desde 1967.
Los Topos Aztecas viajaron entonces para colaborar con las autoridades venezolanas en la búsqueda de personas atrapadas bajo los edificios colapsados.
Aquella experiencia dejó una profunda huella en Méndez.
Dos años después recibió una nueva llamada.
Vargas cambió para siempre el rostro de Venezuela
En diciembre de 1999, lluvias extraordinarias provocaron miles de deslaves e inundaciones en el estado Vargas, hoy La Guaira.
Comunidades enteras desaparecieron bajo enormes cantidades de lodo, árboles y rocas.
Las cifras sobre el número de víctimas nunca pudieron establecerse con precisión.
Diversas estimaciones sitúan el saldo entre 10 mil y 30 mil personas fallecidas, además de decenas de miles de damnificados y pérdidas materiales que aún figuran entre las mayores registradas en América Latina.
La tragedia movilizó ayuda internacional.
Equipos especializados procedentes de distintos países viajaron a Venezuela para apoyar las labores de rescate.
Entre ellos volvió a encontrarse Topos Aztecas, encabezado por Héctor Méndez.
Durante varios días trabajaron junto con bomberos, militares y voluntarios venezolanos para localizar sobrevivientes y recuperar cuerpos atrapados bajo toneladas de escombros.
Aquella misión convirtió a Méndez en uno de los rescatistas extranjeros con mayor experiencia en emergencias ocurridas en Venezuela.
Todo comenzó buscando a su hermano
Mucho antes de convertirse en un referente internacional del rescate urbano, Héctor Méndez era simplemente un ciudadano mexicano.
Su vida cambió el 19 de septiembre de 1985, cuando un terremoto de magnitud 8.1 destruyó buena parte de la Ciudad de México.
Ese día no salió a salvar desconocidos, salió desesperado a buscar a su hermano, atrapado entre los restos de un edificio. Después de varias horas logró encontrarlo con vida.
Aquella experiencia modificó por completo su destino, comprendió que miles de personas morían porque no existían suficientes equipos preparados para actuar durante las primeras horas posteriores a un desastre.
Así nació una vocación que terminaría convirtiéndose en un compromiso de vida.
Con otros voluntarios fundó Topos Aztecas, organización que desde entonces ha participado en terremotos, explosiones, derrumbes y huracanes dentro y fuera de México.
Con el paso de los años, sus brigadas llegaron a Haití, Italia, Argentina, Estados Unidos, Nepal, Turquía y Venezuela, entre otros países.
Las banderas que hoy luce en su uniforme no representan condecoraciones.
Él las define como «signos de fraternidad», porque cada una recuerda un lugar donde alguien necesitó ayuda.
Caracas vuelve a ponerlo frente a la tragedia
Veintisiete años después del deslave de Vargas, el rescatista mexicano regresó nuevamente a territorio venezolano.
Lo hizo acompañado por integrantes de Topos Aztecas y perros entrenados para localizar personas atrapadas bajo estructuras colapsadas.
Su base de operaciones se instaló en Los Palos Grandes, una de las zonas más afectadas del municipio Chacao.
En ese sector colapsó completamente el edificio residencial Petunia, donde continúan las labores de búsqueda.
Los perros recorren cada espacio disponible mientras los rescatistas esperan cualquier señal que permita mantener viva la esperanza.




