En un nuevo capítulo de la creciente tensión comercial entre las dos mayores economías del planeta, el embajador de China en Estados Unidos, Xie Feng, instó a Washington a optar por una relación equilibrada y pacífica, al tiempo que advirtió que Beijing responderá con firmeza si continúa la escalada arancelaria impulsada por el presidente Donald Trump.
Durante un acto público celebrado el sábado en la capital estadounidense, Xie expresó su preocupación por el impacto de la actual guerra comercial, subrayando que los altos aranceles mutuos —algunos superiores al 100%— están paralizando el comercio, la inversión y los intercambios culturales.
“El planeta es lo suficientemente grande”
Con un mensaje cargado de referencias simbólicas y apelando a la armonía, el diplomático chino utilizó una metáfora de la medicina tradicional para ilustrar la necesidad de equilibrio entre ambas potencias: “Una buena receta china combina muchos ingredientes que se refuerzan mutuamente… así debería ser nuestra relación bilateral”.
“El planeta es lo suficientemente grande como para dar cabida tanto a China como a Estados Unidos”, afirmó Xie Feng. “Deberíamos ayudarnos mutuamente a tener éxito en lugar de atraparnos en un escenario en el que todos pierden”.
Las declaraciones llegan tras dos semanas de escalada comercial iniciada por el gobierno de Trump, que impuso aranceles del 10% general y hasta 145% a productos chinos, incluyendo acero, aluminio y buques operados por empresas de ese país. En respuesta, Beijing fijó gravámenes del 125% a productos estadounidenses y vetó la entrega de aviones Boeing.
Aunque Trump declaró a la prensa que mantiene “buenas conversaciones con China”, las señales desde Beijing sugieren lo contrario. China ha reiterado que cualquier diálogo debe estar precedido de respeto mutuo. Xie dejó en claro que su país no desea una guerra comercial, pero “tomará represalias ante cualquier nueva agresión arancelaria”.
Consecuencias globales y advertencias de la Fed
El endurecimiento de la postura comercial estadounidense ya está provocando efectos visibles. El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, advirtió esta semana que los aranceles podrían provocar una subida sostenida de la inflación en EE. UU., sumando presión sobre los mercados financieros que vivieron una jornada de desplome: el Nasdaq cayó más del 4%, el S&P 500 más del 3% y el Dow Jones retrocedió más del 2%.
El gigante tecnológico Nvidia, afectado por las restricciones de exportación de chips, perdió más del 10% de su valor bursátil en una sola jornada. La incertidumbre también fue subrayada por el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, quien señaló que la volatilidad actual representa “un entorno económico más cauteloso”.
Mientras Washington redobla su presión comercial, el presidente chino Xi Jinping recorre países del sudeste asiático —Vietnam, Malasia y Camboya— con la intención de fortalecer alianzas estratégicas en medio del conflicto. Todos ellos forman parte del bloque ASEAN, cuyo compromiso hasta ahora ha sido evitar represalias, aunque países como Vietnam, que enfrenta aranceles del 46%, ya han expresado su disposición al diálogo.
Pese al intento de Trump por utilizar los aranceles como palanca negociadora —afirmando que busca “desplazar la producción global a EE. UU.”—, los efectos secundarios empiezan a golpear su popularidad. Gobernadores como Gavin Newsom, de California, ya anunciaron acciones legales contra la autoridad presidencial para promulgar aranceles de forma unilateral, argumentando daños económicos para los consumidores y empresas locales.
¿Camino al diálogo o al aislamiento?
En la recta final de su segundo mandato, Trump busca cerrar acuerdos comerciales bilaterales en los próximos meses. Sin embargo, la retórica de confrontación y las medidas proteccionistas siguen alimentando un clima de incertidumbre internacional.
La advertencia de China es clara: si Estados Unidos no cambia el rumbo, la guerra comercial continuará escalando, con consecuencias económicas para ambos pueblos y el sistema global. En palabras del embajador Xie, “lo que está en juego no es solo el comercio, sino el futuro del orden económico mundial”.
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