La operación aérea más extensa ejecutada por Israel sobre territorio iraní marca un punto de quiebre en el conflicto entre ambos países, con una ofensiva que ha sido calificada por analistas como un intento de descabezar la élite militar y científica de la República Islámica.
Durante la madrugada del viernes, Israel bombardeó instalaciones nucleares, bases militares, centros de investigación y zonas residenciales en múltiples ciudades iraníes, incluyendo Teherán, Natanz, Isfahán, Tabriz y Shiraz. A diferencia de ataques anteriores, esta vez el objetivo fue simultáneo: eliminar puntos estratégicos de mando, defensa aérea y capacidad de respuesta.
El primer ministro Benjamin Netanyahu advirtió que los ataques podrían prolongarse por varios días. Irán respondió con una lluvia de misiles y drones, que en su mayoría fueron interceptados por los sistemas defensivos de Israel. Aun así, se reportaron heridos en Tel Aviv y otras localidades.
Una operación secreta desde dentro del país enemigo
Según medios israelíes, el Mossad habría establecido una base secreta en los alrededores de Teherán, desde donde se desplegaron drones explosivos y se infiltraron comandos para desactivar los sistemas de defensa aérea iraníes antes del ataque principal. Esta táctica permitió que más de 200 aviones israelíes operaran con libertad dentro del espacio aéreo iraní.
El plan, llamado Operación León Naciente, habría tomado años de preparación. Fuentes de seguridad señalan que se destruyeron sistemas de misiles tierra-aire y tierra-tierra, además de inutilizar centros de comando y almacenamiento de armamento.
La estrategia recuerda a los ataques encubiertos de Ucrania contra bases rusas mediante drones lanzados desde dentro del propio país, una fórmula que ahora Israel parece replicar con éxito en su confrontación con Teherán.
El analista Sebastian Usher, de la BBC, indicó que este enfoque busca algo más que debilitar la capacidad bélica iraní: “Se trata de eliminar a figuras clave del aparato militar, tal como se hizo con Hezbolá en noviembre pasado”.
Objetivo: el liderazgo militar y nuclear de Irán
La ofensiva dejó al menos 78 muertos y más de 200 heridos, según medios estatales iraníes, aunque las cifras aún no han sido oficializadas. Entre los fallecidos se encuentran altos mandos como Hossein Salami, comandante de la Guardia Revolucionaria, el jefe del Estado Mayor Mohammad Bagheri y su segundo al mando, Gholamali Rashid.
También murió Amir Ali Hajizadeh, jefe de la Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria, considerado el cerebro detrás de los misiles iraníes. Este conjunto de bajas representa un golpe sin precedentes para la cúpula militar iraní.
El ataque alcanzó además a seis científicos nucleares, entre ellos Fereidun Abbasi, exdirector de la Organización de Energía Atómica de Irán, y Mohammad Mehdi Tehranchi, rector de la Universidad Islámica Azad. Tres académicos más y un científico identificado solo como Motallebizadeh también perdieron la vida.
Las imágenes difundidas por medios internacionales mostraron edificios destruidos en zonas residenciales de Teherán, lo que indica que algunos blancos estaban camuflados en áreas urbanas, como ocurrió con los bombardeos a los suburbios del sur de Beirut en 2024.
Natanz, otra vez en la mira
Uno de los puntos críticos fue Natanz, la planta clave de enriquecimiento de uranio de Irán. Israel ya había saboteado esa instalación en 2010 con un ciberataque, y nuevamente en 2020 con explosivos ocultos. Esta vez, el ataque fue directo y, según las Fuerzas de Defensa de Israel, causó “daños significativos”.
Irán niega estar desarrollando armas nucleares, pero el OIEA ha advertido que posee suficiente uranio enriquecido como para fabricar hasta nueve bombas si se refina a nivel militar. Desde que el presidente Trump retiró a EE. UU. del acuerdo nuclear en 2018, Teherán ha intensificado su programa atómico.
El ataque representa un giro claro en la doctrina israelí: pasar del sabotaje selectivo a una campaña de aniquilación estructurada, con una operación que combina inteligencia, tecnología y presencia táctica dentro del país enemigo. Netanyahu podría estar apostando por un conflicto prolongado con la intención de reconfigurar completamente el tablero geopolítico en Medio Oriente.
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