La decisión del presidente Donald Trump de imponer un arancel del 30 por ciento a los productos mexicanos podría tener un costo de hasta 150 mil millones de dólares para los importadores estadounidenses. Esta medida, que podría aplicarse desde el 1 de agosto, encendió alertas en los sectores empresariales de ambos países.
El anuncio fue hecho mediante una carta dirigida a la presidenta Claudia Sheinbaum, en la que Trump acusa a México de no frenar adecuadamente el tráfico de fentanilo ni al crimen organizado. Aunque no especificó si los aranceles se aplicarán a todos los productos o sólo a los que están fuera del T-MEC, analistas advierten que la medida podría ser generalizada.
El periodista Enrique Quintana, en su columna «La carta de Trump: ¿amenaza o realidad inminente?», estima que el impacto económico directo de esta tarifa alcanzaría los 150 mil millones de dólares. Enfatiza que este monto será absorbido por las compañías estadounidenses que importan desde México, y no por los exportadores mexicanos.
Un golpe a la integración comercial
Durante 2024, México exportó productos a Estados Unidos por un valor superior a los 503 mil millones de dólares. La nueva medida de Trump representa un revés a esa relación comercial y podría desincentivar inversiones y operaciones bilaterales clave.
Quintana advierte que la estrategia de los negociadores mexicanos será evidenciar el impacto que estos gravámenes tendrán para empresas norteamericanas. «La apuesta es que el costo sea tan alto que resulte inaceptable para muchas grandes firmas estadounidenses, que entonces presionarán para revertir la decisión», apunta.
Trump también lanzó un mensaje disuasivo: si las compañías deciden trasladar su producción a EE. UU., las tarifas quedarán sin efecto. En caso contrario, los aranceles podrían aumentar.
tensiones globales
La imposición de estos aranceles se suma a una serie de cartas enviadas por Trump a países como Brasil, Japón, Corea del Sur y Filipinas, en las que anuncia tarifas que oscilan entre el 20 y el 50 por ciento como parte de su política «recíproca» de comercio.
A Brasil, por ejemplo, se le impondrá un arancel del 50 por ciento. A Argelia, Libia, Irak y Sri Lanka, del 30 por ciento. Filipinas enfrentará un gravamen del 20 por ciento, y Moldavia y Brunéi, del 25 por ciento. Esta estrategia de presión comercial parece tener como objetivo proyectar fuerza en la antesala del período electoral estadounidense.
En el caso mexicano, Trump justificó su decisión alegando que el gobierno de Sheinbaum «no ha detenido a los cárteles que intentan convertir a toda América del Norte en un patio de recreo del narcotráfico». También afirmó que México ha hecho esfuerzos, pero que estos «no son suficientes».
El presidente estadounidense dejó abierta la posibilidad de revertir los aranceles si México «tiene éxito en desafiar a los cárteles y detener el flujo de fentanilo». Aunque también advirtió que cualquier respuesta arancelaria por parte de México será respondida con medidas adicionales.
Mientras tanto, según datos de Banco Base, actualmente solo el 16 por ciento de las exportaciones mexicanas a EE. UU. están sujetas a aranceles. Esto implica que la medida anunciada por Trump implicaría una expansión radical de las restricciones comerciales vigentes.
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