El cineasta mexicano cuestiona la normalización de los discursos de odio y plantea con “Ceniza en la boca” una mirada a las heridas que deja la migración en las familias.
Diego Luna puso el foco en una de las caras más preocupantes del debate migratorio: la manera en que el miedo puede convertirse en una herramienta política y económica. Durante la promoción de su nueva película, “Ceniza en la boca”, el actor y director mexicano cuestionó el crecimiento de los discursos de rechazo hacia las personas migrantes.
Para Luna, el problema no está solamente en que existan expresiones de odio. También está en la facilidad con la que esos mensajes pueden ganar espacio público, generar confrontación y ser utilizados para obtener beneficios.
“Hay como un orgullo en esos discursos de odio, en ese discurso ignorante, de rechazo”, señaló el cineasta. A su juicio, la estridencia que acompaña a esas posturas facilita su aprovechamiento político y económico.
“El miedo es muy rentable”, afirmó Luna al hablar sobre la manera en que la migración puede convertirse en terreno fértil para discursos que buscan dividir a las sociedades.
Su reflexión ocurre mientras prepara el estreno en cines de “Ceniza en la boca”, película que llegará este viernes y que adapta la novela homónima de Brenda Navarro. La historia sigue a una joven mexicana que viaja a España para reunirse con su madre, quien lleva años trabajando de manera irregular para sostener a sus hijos.
Una historia sobre lo que deja migrar
Más que presentar la migración únicamente como un desplazamiento de un país a otro, Luna construye una historia alrededor de sus consecuencias personales y familiares.
Lucila llega a España después de años de separación de su madre. El reencuentro, sin embargo, no significa recuperar automáticamente el vínculo perdido. La distancia ha dejado heridas, expectativas distintas y una relación marcada por una ausencia prolongada.
La película aborda así una dimensión menos visible del fenómeno migratorio: lo que ocurre dentro de las familias cuando una persona se marcha para buscar mejores oportunidades.
En ese sentido, la historia también plantea una pregunta sobre las razones que llevan a alguien a dejar su país. Para Luna, comprender ese proceso resulta fundamental antes de juzgar a quienes migran.
El cineasta confía en que la película permita al público ponerse en el lugar de quienes abandonan su entorno, sus vínculos y buena parte de las certezas que tenían.
Su intención, explicó, es que esa reflexión pueda modificar la manera en que se mira a las comunidades migrantes y abrir espacio para el respeto, el entendimiento y la generosidad.
El rechazo también aparece en lo cotidiano
“Ceniza en la boca” no se limita a mostrar los grandes debates alrededor de la migración. La historia también observa las pequeñas violencias que pueden aparecer en la vida diaria de quienes llegan a otro país.
Luna considera que esas expresiones, aunque algunas veces parezcan menores, terminan construyendo un ambiente de rechazo. Para una persona migrante, encontrar dificultades para integrarse, conseguir vivienda o establecer vínculos puede convertirse en una experiencia constante.
La vivienda y la precariedad ocupan un lugar importante dentro de la película. Lucila enfrenta dificultades para encontrar un espacio propio, hasta que termina formando parte de una vivienda compartida por varias mujeres y sus hijos.
Ese lugar, pese a las condiciones de hacinamiento, termina representando algo distinto para ella. Es también una muestra de cómo las comunidades migrantes pueden crear redes de apoyo frente a las dificultades.
De esta manera, la película propone mirar la migración desde quienes la viven, pero también desde quienes reciben a las personas que llegan.
Diego Luna lleva el debate migratorio al cine
La película surgió después de que Luna quedara marcado por la novela de Brenda Navarro. En ella encontró elementos que conectaban con temas que ya habían atravesado parte de su trabajo: la ausencia, los vínculos familiares y las consecuencias de las decisiones de los adultos sobre los hijos.
El cineasta destacó además la libertad que Navarro les otorgó para adaptar su obra y construir una versión cinematográfica propia.
La protagonista, interpretada por Anna Díaz, también encontró una conexión personal con la historia. La actriz ha contado que su propia experiencia familiar, marcada por la migración de su madre, influyó en la manera de acercarse al personaje.
Así, “Ceniza en la boca” llega a las salas no solo como una historia sobre quienes migran, sino como una reflexión sobre las consecuencias de hacerlo y sobre la forma en que las sociedades reciben a quienes llegan.
Para Luna, el reto está en que esa reflexión no termine al salir del cine. Su apuesta es que mirar durante unas horas la vida de otras personas ayude a cuestionar los prejuicios con los que muchas veces se observa a las comunidades migrantes.
En un momento en que el rechazo y la confrontación forman parte del discurso público sobre la migración, el director plantea una respuesta desde el cine: entender antes de juzgar y mirar a quienes migran como personas con historias, vínculos y razones propias.
También te puede interesar: Estefanía Mercado impulsa gabinete permanente para reforzar combate al sargazo en Playa del Carmen




