La increíble historia de Vozinha: el “abuelita” que se convirtió en héroe del Mundial a los 40 años

Josimar José Évora Dias, conocido por todo el mundo como Vozinha, nació el 3 de junio de 1986 en Mindelo, en la isla de São Vicente, Cabo Verde. Su llegada al mundo no fue en una familia convencional. Su padre estaba en el servicio militar y su madre tenía que trabajar duramente para sacar adelante a la familia. Por eso, desde muy pequeño, fue criado por sus abuelos, las personas que se convirtieron en su verdadero pilar y en el centro de su vida.

El origen emocional de su apodo

El apodo “Vozinha” (que en portugués significa “abuelita” o “vozinha”, un diminutivo cariñoso) nació en las calles de Mindelo. Josimar, siendo niño y de complexión más pequeña, jugaba fútbol con niños mucho más grandes que él. Cuando recibía golpes o perdía, corría a casa a contárselo a sus abuelos. Los demás niños lo molestaban diciéndole que iba a “quejarse con su vozinha”. Lejos de ser un insulto, ese nombre se convirtió en un símbolo de amor y del fuerte lazo que tenía con quienes lo criaron. Hoy lo lleva con orgullo en la espalda de su camiseta como homenaje eterno a sus abuelos.

40-year-old Cape Verde goalkeeper Vozinha makes spectacular World Cup debut  | AP News

Una infancia de superación y sacrificio

Vozinha no tuvo una vida fácil. Creció en un entorno humilde, sin las facilidades de las grandes academias europeas. Jugaba en las calles, enfrentando a rivales más fuertes y aprendiendo a base de resiliencia. De joven, incluso lo rechazaron en algunas pruebas porque lo consideraban demasiado pequeño para ser portero. Pero un estirón a los 16-17 años lo llevó a medir 1.89 metros, y su talento natural en el arco empezó a brillar.

Antes de dedicarse plenamente al fútbol, trabajó como conductor de autobuses y electricista. No era un prodigio que firmaba contratos millonarios de adolescente. Tuvo que esperar hasta los 25 años para debutar como profesional. Esa madurez tardía forjó un carácter fuerte, disciplinado y lleno de gratitud.

Su carrera: de Cabo Verde para el mundo

Comenzó en clubes locales como Batuque y Mindelense. Luego dio el salto a Angola (Progresso do Sambizanga), donde decidió usar definitivamente su apodo porque ya había otro Josimar en el equipo. Pasó por Moldova, Chipre, Eslovaquia y Portugal. Actualmente juega en el GD Chaves de la segunda división portuguesa. Con la selección de Cabo Verde acumula más de 90 partidos internacionales y es uno de los referentes históricos del equipo.

Su momento cumbre llegó en el Mundial 2026. En el debut histórico de Cabo Verde contra España, Vozinha, a sus 40 años y 12 días, realizó 7 paradas clave, mantuvo el arco en cero y fue elegido Jugador del Partido. Un niño de las calles de Mindelo había parado a una de las mejores selecciones del mundo.

El llanto más emocionante del Mundial

Tras el partido, Vozinha no pudo contener las lágrimas en la entrevista. Sus abuelos, quienes lo criaron y fueron “todo para él”, ya habían fallecido años atrás y no pudieron verlo. Su madre tampoco estuvo presente: los trámites de visa para viajar a Estados Unidos y los altos costos (incluyendo una fianza exigida) no se pudieron completar a tiempo. “Lloré después del partido porque crecí con mis abuelos y ellos no pudieron estar aquí. Mi mamá tampoco por el tema de la visa y el dinero. No logramos hacerlo a tiempo”, confesó con la voz quebrada.

Ese llanto no fue de tristeza, sino de gratitud profunda y de un sueño cumplido a pesar de todas las adversidades.

Un ejemplo de vida

Vozinha representa la historia de miles de personas de países pequeños que luchan con dignidad. Un niño criado por sus abuelos, que trabajó en oficios duros, que fue rechazado por su tamaño y que debutó tarde, pero que nunca dejó de soñar. Hoy es un símbolo de perseverancia, humildad y amor familiar.

Su apodo, que empezó como una broma infantil, hoy resuena en todo el mundo como sinónimo de fuerza, cariño y superación. Vozinha no solo atajó penales y disparos: atajó dudas, rechazos y ausencias para demostrar que los sueños, aunque lleguen tarde, siempre valen la pena.

¡Gracias, Vozinha, por recordarnos que las mejores historias del fútbol son las que se construyen con el corazón!

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