China impulsa las baterías de sal para desafiar el dominio del litio

En una esquina bulliciosa de Hangzhou, al este de China, una hilera de ciclomotores brillantes llama la atención de los peatones. Pero no es su diseño lo que despierta curiosidad, sino su tecnología: funcionan con baterías de sal. Detrás de esta innovación está Yadea, el mayor fabricante chino de vehículos de dos ruedas, que lidera una apuesta nacional por reemplazar las baterías de litio con celdas de iones de sodio.

China, que domina la industria global del litio, está diversificando su arsenal tecnológico hacia baterías fabricadas con sodio, un elemento mucho más abundante y barato. La nueva generación de scooters eléctricos de bajo costo (entre US$400 y US$660) no solo se carga en 15 minutos, sino que permite intercambiar baterías con un simple escaneo de código QR, consolidando un modelo más accesible para el mercado masivo.

Sodio en lugar de litio: abundancia frente a eficiencia

El sodio, presente en grandes cantidades en la sal marina y la corteza terrestre, es unas 400 veces más abundante que el litio. Esta disponibilidad podría romper la dependencia de minerales escasos y abrir nuevas cadenas de suministro menos vulnerables a la geopolítica. A diferencia del litio, cuya refinación se concentra en China pese a que se extrae sobre todo en Australia, Chile y Argentina, el sodio se perfila como una opción con menor presión logística.

Sin embargo, el gran obstáculo sigue siendo la baja densidad energética de las baterías de sodio, que ofrecen aproximadamente un 30% menos de autonomía en comparación con las de litio. Esto limita su uso en automóviles de largo alcance, aunque son perfectamente viables para motocicletas y otros vehículos urbanos que requieren recorridos cortos y potencias más bajas.

«La autonomía sigue siendo un factor decisivo para los compradores de autos eléctricos», afirma Phate Zhang, fundador del medio especializado CnEVPost. En contraste, Chen Xi, investigadora en energías limpias en la Universidad Xi’an-Jiaotong de Liverpool, indica que para los vehículos de dos ruedas, el sodio ya es una alternativa viable, especialmente frente a las baterías de plomo-ácido.

El mercado chino como laboratorio tecnológico

Aunque los microautos impulsados por sodio solo representan una fracción del mercado chino de vehículos eléctricos, firmas como CATL, el mayor fabricante mundial de baterías, están apostando fuerte. En abril de 2025, CATL anunció la producción en masa de estas baterías bajo la marca Naxtra, dirigidas a camiones y vehículos pesados.

Además, las baterías de sodio comienzan a utilizarse en centrales de almacenamiento de energía, donde el peso y el tamaño no son un problema. Esta aplicación podría ser el trampolín que necesita esta tecnología para expandirse. “En almacenamiento fijo, se puede construir una planta más grande, el peso es irrelevante”, afirma Cory Combs, analista de Trivium China.

Impacto ambiental y seguridad

La industria busca también reducir el impacto ambiental. Las baterías de litio requieren metales pesados como cobalto y níquel, con procesos de extracción contaminantes y riesgosos. Las de sodio, en cambio, prescinden de estos materiales y, aunque su fabricación también genera emisiones, podrían evitar la sobreexplotación de recursos críticos.

Otra ventaja es la seguridad. En 2024, China enfrentó una ola de incendios provocados por baterías de litio, lo que reavivó las preocupaciones sobre su estabilidad. Las de sodio, según estudios, son menos propensas a sobrecalentarse o incendiarse, y su rendimiento en condiciones de frío es superior. Aunque faltan pruebas concluyentes, varios expertos creen que podrían ofrecer mayor confiabilidad en condiciones extremas.

Del fracaso al renacimiento: la historia del ion de sodio

El desarrollo de baterías de sodio no es nuevo. Se inició hace más de cinco décadas junto al de las baterías de litio. Sin embargo, el éxito comercial de estas últimas, tras su lanzamiento por Sony en 1991, relegó al sodio al olvido hasta que el alza de los precios del litio, impulsada por la demanda de vehículos eléctricos y los estragos logísticos de la pandemia, obligó a la industria a reconsiderar sus opciones.

En 2021, CATL lanzó su primera batería de sodio y el interés resurgió. Ese mismo año, China importaba el 80% del litio que refinaba, principalmente de Australia y Brasil. El riesgo de dependencia extranjera encendió las alarmas y disparó los esfuerzos en I+D.

Desde entonces, la situación ha cambiado. Los precios del litio cayeron drásticamente desde finales de 2022 y China ha aumentado su capacidad de procesamiento y exploración de yacimientos nacionales. A pesar de ello, el impulso inicial hacia el sodio sentó las bases de una nueva ruta tecnológica.

Una alternativa que no busca reemplazarlo todo

Hoy, la estrategia china no consiste en abandonar el litio, sino en diversificar. La combinación de baterías de litio para automóviles de larga distancia y baterías de sodio para soluciones urbanas y almacenamiento estacionario podría redefinir el futuro de la electrificación.

A corto plazo, las baterías de sodio no reemplazarán al litio en el corazón de la movilidad eléctrica. Pero su desarrollo responde a una lógica económica, ambiental y estratégica. China, que ya domina la producción de baterías tradicionales, está allanando el camino para que el sodio tenga un papel clave en la transición energética global.

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