Mientras la aviación israelí mantiene una ofensiva sin precedentes contra las instalaciones militares y nucleares de Irán, el gobierno de Estados Unidos inició conversaciones diplomáticas indirectas con el régimen de Teherán para buscar un posible cese del fuego. El canal fue facilitado por Qatar y Omán, dos de los pocos actores con relaciones fluidas tanto con Washington como con la república islámica.
La negociación, que hasta ahora se mantiene en carácter exploratorio, enfrenta resistencias tanto en Jerusalén como dentro del propio Pentágono. La administración del presidente Donald Trump designó a su vicepresidente, J.D. Vance, y a su enviado especial para Medio Oriente, Steve Witkoff, como los encargados de establecer el primer contacto con el canciller iraní Abbas Araghchi.
Netanyahu desconfía y presiona por acción militar completa
Según fuentes cercanas al gabinete de seguridad israelí, el primer ministro Benjamín Netanyahu considera que la vía diplomática solo ofrece tiempo a Irán para reorganizarse y continuar desarrollando su programa atómico. En su visión, cualquier negociación representa una distracción que pone en riesgo el éxito de la Operación León Ascendente, lanzada el pasado viernes tras el asesinato del anterior jefe del Estado Mayor iraní, Qolamali Rashid.
Desde entonces, Israel ha eliminado también a su sucesor, Ali Shadmani, hombre de máxima confianza del líder supremo Alí Khamenei. Asimismo, ha atacado infraestructura nuclear como las plantas de Natanz, Fordow e Isfahán, así como centros de misiles balísticos y sistemas de defensa antiaérea. Hasta ahora, el saldo en Irán asciende a más de 229 muertos, entre ellos altos mandos militares y científicos clave del programa atómico.
En paralelo, Irán ha lanzado al menos 380 misiles balísticos, de los cuales 30 lograron impactar territorio israelí. Las FDI reportan la intercepción de más de 30 drones y la destrucción de buena parte del sistema ofensivo iraní.
Pese a este contexto, Trump insistió en su cuenta de Truth Social que su objetivo no es un alto al fuego, sino «un verdadero final» para el plan nuclear iraní.
«Irán no puede tener un arma nuclear. Lo he dicho una y otra vez. Todos deben evacuar Teherán inmediatamente», escribió.
Fuentes diplomáticas revelaron que la decisión de explorar un canal indirecto responde a la negativa de Trump de implicar directamente a EE. UU. en una guerra abierta que podría generar consecuencias políticas internas y desestabilizar la región. No obstante, el presidente republicano ha mantenido una fuerte colaboración con Netanyahu, compartiendo inteligencia y autorizando el despliegue de 30 aviones cisterna para garantizar la autonomía de los bombarderos israelíes.
Bombas anti-bunker y aviones sigilosos
Lo que no ha autorizado hasta ahora es el uso de bombas anti-bunker de 14 toneladas ni de aviones sigilosos B2, elementos clave para destruir los búngeres profundos donde se localizan las centrifugadoras nucleares más avanzadas de Irán.
Según información obtenida por medios israelíes y estadounidenses, Netanyahu solicitó formalmente esos recursos para completar la destrucción de las instalaciones de Natanz y Fordow, que se encuentran a más de 60 metros bajo tierra. En caso de que la negociación fracase, Trump podría reconsiderar esta solicitud y escalar la participación estadounidense.
El líder supremo de Irán, Alí Khamenei, ya ha sido objeto de ataques israelíes. Según fuentes del gabinete israelí, la posibilidad de eliminarlo se analizó en la primera fase de la ofensiva. Sin embargo, fue descartada tras una consulta directa con la Casa Blanca.

Por ahora, las partes están en una encrucijada. Si Irán accede a desmantelar su programa nuclear bajo supervisión internacional, se abriría una vía para cerrar el conflicto. Si, por el contrario, las conversaciones fracasan, Netanyahu estará dispuesto a intensificar los ataques, incluso con apoyo logístico y armamentístico de EE. UU.
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